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Crítica: "Don Jon" (Una paja contradice a Hitchcock), por Dardo Helguera

"Don Jon" es la primera película de autoría semihombre orquesta de Joseph Gordon-Levitt, ya que la protagoniza, escribe y dirige. Eso para un servidor ya es un motivo de respeto y admiración profesional, y síntoma de tranquilidad como espectador. ¿Fiable?, bueno, a tener en cuenta el criterio que ha seguido el Sr. Gordon-Levitt para seleccionar e interpretar papeles y personajes a lo largo de su carrera: para mí mucho, sin duda. Si ahora no se le concediera un crédito cinematográfico mínimo, sería injusto.


El argumento de la que aquí nos ocupa es la dicotomía conflictiva experimentada por un 'Don Juan' de discoteca de marras (Gordon-Levitt), consistente en su adicción sistemáticamente a consumir pornografía y a masturbarse sin control -por una parte-; y a la necesidad de seducir a toda mujer atractiva con la que se cruza sin que eso le propine un placer pleno, recurriendo de nuevo al porno y a la masturbación como vía de escape y maniobra para la paz interior y satisfacción absoluta -por otro lado-. Este dilema interno le llevará a conocer directa e indirectamente a dos mujeres completamente diferentes: (Scarlett Johansson) y (Julianne Moore), detonante del que extraerá dos conclusiones vitales igual de manipuladoras, pero de matiz diferente.

Dicho esto, ahora reseñaré el aspecto más valiente, temerario y virtuoso de la película: su comienzo. Debo admitir que la película empieza de la manera más horrible que uno se pueda esperar. Tranquilidad, a posteriori no es nada malo, para nada. Pero a priori, preocupa. Vaya si lo hace. Lo que uno se encuentra durante los primeros 20 minutos largos de metraje son unos diálogos de vergüenza ajena, vulgares, de otro tono a lo esperado; más propios del negro de "Scary Movie" en un mal día. Pero a su vez, se da un anomalía, uno percibe también un pequeñísimo oasis de fondo: una premisa argumental muy jugosa y envuelta en una presentación formal que resulta muy atractiva.


Esto último -el oasis esperanzador argumental- es lo que hace que uno como espectador se frustre un montón temiéndose que se desaproveche, injustamente, por una mala praxis y cuatro frases chuscas y manidas de baño de discoteca que catapulten a uno muy lejos de la película. Por lo que, automáticamente, este contraste extraño entre bobada e interés crea una sensación de desasosiego muy turbia, ya que atenerse ante lo que ahí acontecerá en cuanto a calidad se hace alto difícil. Ante casos como éste -donde aún se atisba un leve latido de talento- hay que tirar del refranero y aplicarse el dicho de: 'vístame despacio que tengo prisa' y que reine la paciencia.

Lo que Gordon-Levitt hace en el primer acto de "Don Jon" es justo lo contrario de lo que impulsaba Hitchcock: empezar con un terremoto narrativo... y de ahí subir. Casi el primer acto en su totalidad es un anticlímax simplón para el que llega al visionado con esperanzas de ver el resplandor de una joyita indi; y por extensión, para cualquier espectador con ganas de disfrutar una relato en donde se conjuga tal reparto con tal enjundia. Pero como dije, recordad: la paciencia tiene sus frutos. Cuando la película parece condenada a la nadería más frustrante, renace, se agita sutilmente y alza el vuelo como un ave fénix empalmado.

En el segundo y tercer acto, la película se dispara y ya no hay titubeos. El ritmo es claro y tenaz. Se suceden secuencias intimistas maravillosas, en donde el fondo se hace presente y cristalino, en donde se miran a la cara momentos de patetismo exacerbado y un romanticismo tragicómico veraz. Sabe perfectamente adonde se dirige. Tiene un hoja de ruta más que señalizada. Una vez que se traza la trama triangular y se exponen las diferencias entre los dos personajes femeninos y su influencia directa en el protagonista, es cuando se evidencia la clave; el porqué de tal suicidio narrativo inicial. No permitiendo, tras la finalización del visionado, que se dude de que tal planteamiento inicial bobo a nivel de contenido era totalmente deliberado. No era otra cosa que el recurso narrativo que encontró Gordon-Levitt para mostrar y parodiar la existencia capada, rutinaria, ridícula, ignorante, hortera y simple de su protagonista. Una invitación sutil hacia la reflexión a través de la incomodidad propia de algo que no está en su sitio.


La puesta en escena es sobria. No requiere de nada sintético. Contar un historia de vacío solo requiere de personajes muy diferentes. Y eso lo sabe muy bien este director novel, dejando en bolas a la mayoría los debutantes. El montaje es un aspecto a destacar: funciona a la perfección. El recurso formal de la pantalla del ordenador junto con el sonido del encendido del Mac es un 'leitmotiv' muy bien utilizado en puntos claves de la película para dar entradilla al estado bucle de vacío del protagonista y como muestra exacta de su pinchazo emocional. Durante el metraje el ritmo de edición se va calmando, sin dar tirones repentinos equiparándose a la evolución interna del protagonista. Muestra del sosiego y tranquilidad propia del que va liberándose de lastres poco a poco permitiéndose disfrutar de las vistas. A nivel de fotografía es una película totalmente correcta. Sin estridencias. El estilo fotográfico prudente y figurativo hace de perfecto aliado de una dirección sobria.

El valor de las interpretaciones es la piedra angular de lo que aquí atañe. Gordon-Levitt lo clava como siempre. Se vislumbra su implicación en este proyecto nada más ver el cambio en su fisionomía. Sale como un toro, pero porque así lo exige el papel. La genial transición emocional que experimenta su personaje queda patente gracias a su impresionante capacidad de registro. Scarlett Johansson es una fiera que se come la pantalla incluso saliendo de escorzo. Su belleza, voluptuosidad y talento interpretativo permite dar vida a un personaje tóxico, chonífero, a la personificación de la manipulación insana, del egoísmo enquistado y del estancamiento vital. Cada vez que sale en plano uno traga saliva para bien y para 'mal'. Lo de Julianne Moore es para darle de comer aparte: es una delicia lo fácil y creíble que hace que sea interpretar. Un animal de sutilezas y relieves. La interacción con el protagonista es de una credibilidad incuestionable, de una ternura que hace entender lo maravilloso que es un sexo pleno cuando se da en una relación bilateral, independientemente si su origen es una amistad o una relación amorosa abierta o cerrada. A destacar son las actuaciones secundarias de Tony Danza y Glenne Headly, como núcleo familiar excéntrico, brindando unas secuencias delirantes y muy divertidas.


En conclusión: "Don Jon" se erige como una muestra rutilante y firme en favor de Joseph Gordon-Levitt, asentando no sólo la realidad de que en una década se consolidará -más si cabe y al mismo tiempo- como uno de los actores top inamovibles del panorama independiente americano y hollywoodiense, sino que también ostentará con honores el título de autor. Si no al tiempo.