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Crítica: "Mantícora", por Paco España

Carlos Vermut, director con nombre artístico de típica bebida alcohólica que acompaña al aperitivo, ha logrado dirigir uno de los títulos más perturbadores de la actual temporada de cine español, temporada que tiene un ramillete de títulos de enorme nivel entre los que se encuentran Alcarrás, Cinco lobitos, La consagración de la primavera, As bestas, La maternal, Agua y Suro, y no necesariamente por este orden. Es habitual que las películas escritas y dirigidas por este director madrileño sean perturbadoras en su contenido, como ya viene demostrando en la última década con los títulos Diamond Flash, Magical Girl y Quien te cantará, pero con Mantícora da un nuevo giro de tuerca y consigue un argumento que manipula a su antojo el subconsciente del espectador, al mismo tiempo que le enseña la zanahoria que no puede coger hasta el último plano de la última secuencia.


Desde el primer momento de la película ya nos muestra como Julián, un diseñador de video juegos, diseña un monstruo en el aire con un software y un equipo de visión digital que produce fascinación. En mitad de su trabajo, oye los gritos de una niño, es su vecino que está solo y pide ayuda porque en su casa se ha desatado un incendio, logra abrir la puerta, apagar el incendio y salvar al niño, pero ese acontecimiento despierta en él la pulsión de un oscuro deseo.


El espectador sigue las enigmáticas vicisitudes de este personaje y después, con la aparición en su vida de la joven Diana, que arrastra un pasado complejo. La película posee un excelente ritmo que genera mucha curiosidad sobre los dos intérpretes principales, Nacho Sánchez (Diecisiete) y Zoe Stein (cortometraje Cunetas), dos jóvenes que están excelentes en sus respectivos papeles mostrándonos a cuentagotas sus realidades para mantener la tensión y las incógnitas hasta el final del metraje. Carlos Vermut no se traiciona a si mismo, sigue con las historias perturbadoras de siempre pero, en este caso, ha sido más preciso y esencial al enfocar la historia, lo que ha hecho que, probablemente, sea su trabajo más redondo hasta la fecha.