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Crítica: "Downton Abbey: Una nueva era", por Javier Collantes

El denominado cine clásico, con las influencias en estilo cinematográfico y narrativa, nunca desaparece de la faz de la pantalla grande, cine que, bajo una determinada forma de tratar una historia, nos acerca a una caligrafía fílmica cuyo orden y concierto obedece a enseñar, disfrutar y emocionar al espectador que solicita una muestra más concreta en introducción y calado mayor, cine que, en muchos momentos, nos 'leva' a las excelencias del cine británico. Como siempre expongo, una 'coletilla' a dicho ejemplo se corresponde Downton Abbey: Una nueva era, una maravillosa película que, con dirección de Simon Curtis, nos conduce a una segundo film cuya secuela nos produce sensaciones de visionar y asistir a un relato fascinante.


Después de una serie de 52 capítulos, más un especial de Navidad y junto a un primer largometraje, nos llega una obra cinematográfica llena de estilo, clase, lucida, sobre una familia aristócrata británica y sus respectivos acontecimientos. Violet, la condesa viuda de Grantham, hereda una villa en el sur de Francia, regalo de un viejo amigo. Mientras tanto, un director de cine obtiene el permiso para rodar una película en Downton Abbey, ambiente de actores, actrices y demás componentes, un proyecto que se va a realizar y cuya idea fascina y encanta a una parte de la familia y los sirvientes. ¿Cuál es la verdad del misterio que envuelve al amigo de Violet y el porqué de su regalo? Con estos mimbres, el film de esta secuela de la adaptación cinematográfica de la popular serie, con la excelente banda sonora de John Lunn y la sobresaliente fotografía de Andrew Dunn, nos ofrece todos los elementos de una notable película: personajes, diálogos, puesta en escena... en la que el mundo del cine, los flirteos y la diversión se retratan en cada encuadre con elementos que dignifican este arte llamado cine.


Secuencias sobre el cine mudo y el cine sonoro pueden recordar a Cantando bajo la lluvia, una emotiva historia con tramas que no solo entretienen sino que suponen el relato de un drama que no carga sus tintas y se deja llevar por los cambios de cada personaje, cine coral con interpretaciones grandiosas, desde Hugh Bonneville a Maggie Smith. Sus paisajes, las estancias y los conflictos con una suavidad digna del mejor relato colocan un broche de oro a un film digno de ver y disfrutar. Downtown Abbey: Una nueva era resulta totalmente recomendable, película de categoría que se ve, se piensa y se siente sin ser una amalgama de dramatismo al uso, con una secuencia final tan majestuosa como digna, sensible, clase, clase, estilo, estilo...