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Crítica: "Competencia oficial", por Paco España

Esta dupla de directores, Gastón Duprat y Mariano Cohn, es la responsable, en 2016, de El ciudadano ilustre, y esas son palabras mayores. Este título mencionado, protagonizado por el actor y director argentino (y también uno de los protagonistas de Competencia oficial) Oscar Martínez, es una de las películas más importantes de ese año. Por eso, el interés previo a su visionado era, al menos por mi parte, muy notable. El trailer anunciaba una historia en la que dos importantes actores, interpretados por Antonio Banderas y Oscar Martínez -con imágenes públicas muy similares a las de sus personajes-, se juntan para hacer una película cuya directora es una estrafalaria Penélope Cruz.


Pues bien, he de decir que el trailer es mucho más divertido que la película, ya que en él aparecen la mayoría de los momentos ingeniosos de la misma y, además, ese chiste en el que el personaje de Banderas dice que tiene cinco hijos, la directora le pregunta '¿con la misma?', y responde que efectivamente señalando con ambas manos su órgano sexual, un chiste que se consideraba viejuno cuando yo estaba en el instituto haciendo BUP. La película da comienzo cuando un magnate de la industria farmacéutica cumple 80 años, inmenso José Luis Gómez (El 7º día) -lo mejor de la película-, y decide dejar en la sociedad algo que recuerde su memoria, dudando entre un puente con su nombre o producir una película, y, al final, de decide por esto último, por lo que se convierte en el productor de la adaptación cinematográfica de la novela de un premio Nobel (guiño a El ciudadano ilustre).


Con un planteamiento así, no caben paños calientes ni ser conservadores en la propuesta, pero lamentablemente sí lo son, porque ninguno de los intérpretes es capaz, supongo que por la mediación de los directores, de romper con los estereotipos asociados a su imagen pública: Oscar Martínez está bien, aunque es lo menos que se puede esperar de esta gran actor; Antonio Banderas es siempre eficaz en sus papeles, puede hacer de Jim Carrey o de una ameba pero su trabajo siempre será eficaz; y Penélope Cruz, que ha tenido una oportunidad de oro para romper con ese estereotipo de actriz que siempre destila y que nunca abandona, aunque cuando lo hace aparece la gran actriz que es como ya demostró en No te muevas (Sergio Castellito, 2004), pero no resulta suficiente con mostrar unos sobacos repletos de vello en los que se ve a la legua que es trabajo de peluquería y maquillaje.


Este tipo de propuesta, como la que plantea Competencia oficial, impone ideas rompedoras y nada conservadoras, por muchas estrellas que sean las que están trabajando en ella o tenga una puesta en escena tan minimalista y arquitectónica como esta película. Lo tenía todo para convertirse en un título de los que todos hablaran -un reparto tan brillante como el mencionado, con intérpretes de soporte como Manolo Solo (El buen patrón), Nagore Aramburu (Loreak), Irene Escolar (Bajo la piel del lobo) o Pilar Castro (Ventajas de viajar en tren)-, pero la tibieza con la que ha sido afrontada la dejará como una más del montón, muy alejada de la maravillosa y arriesgada propuesta de El ciudadano ilustre.