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Crítica: "La hija oscura", por Javier Collantes

¿Cómo comenzar el traslado de una novela homónima al lenguaje cinematográfico en esta película? Pregunta con respuestas diferentes en la imaginación del lector, en las imágenes del espectador, todo en uno y, a su vez, diferentes vértices, una ocasión para comprobar la sensación de dos lados. A este ejemplo corresponde La hija oscura, novela homónima de Elena Ferrante dirigida por la actriz Maggie Gyllenhaal en su debut como directora, una aventura arriesgada como cineasta ya que su disciplina férrea en adaptar una obra literaria denota valentía, una historia de sentimientos y encuentros. Una mujer sola durante unas vacaciones junto al mar. Su vida se ve alterada por el encuentro con una joven madre y su hija.


Mientras ella las observa en la playa, preocupada e intrigada por su relación, ella (Leda) se siente preocupada por sus recuerdos del miedo, el terror, la confusión y la intensidad abrumadora de la maternidad temprana, unos hechos que llevarán al oscuro mundo de su mente, presencia interior, en cada una de sus fases psicológicas. Leda y sus obsesiones, su pasado, su presente, todo. Una película sobre la maternidad, el dejar, volver, madre, hijas... que confluyen en un relato de conflictos existenciales, emociones diversas, mujeres atrapadas en espacios, ambientes tóxicos, dentro de una reflexión expuesta de manera difusa. Su ritmo pausado, sus planos cerrados, sus planos detalles... entorpecen una clarividencia en su nivel fílmico que, apoyándose en un exceso del recurso del flashback, no deja respiro al espectador.


Su ritmo narrativo languidece a cada secuencia, dejando un sabor grandilocuente, desarrollando los tonos de un film que no descansa en ningún momento, para entregar confusión entre dos tiempos, pasado y presente. Su dirección ampulosa se nota en cada tramo, con una fotografía recalcada, simplemente aceptable, como música y canciones, un relato impostado con las bazas interpretativas de Olivia Colman, Jessie Buckley y Dakota Johnson, con los papeles inferiores de Ed Harris y Peter Sarsgaad. Sin la intensidad manifiesta y sin redondear en conjunto, circunstancias ambas notables que la hacen fallida, La hija oscura termina resultando una película tan directa como confusa que deja al espectador en un lugar rebuscado.