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Crítica: "Cry Macho", por Javier Collantes

Elogios, alabanzas... pero también incluso la máxima por parte de ciertas opiniones que dicen que siempre nos cuentan la misma historia o el mismo papel. A estos criterios se enfrentan las carreras de grandes cineastas e intérpretes. A esta breve introducción se corresponde el caso del extraordinario Clint Eastwood, que dirige una nueva película, en concreto la 39ª a lo largo de su carrera fílmica. Director, actor, productor, compositor de bandas sonoras... nos ha ofrecido algunas extraordinarias películas y ahora nos llega, a sus 91 años, una especie de epílogo, Cry Macho, un western con tintes de drama, una road movie sobre el paso del tiempo, la vejez, la madurez... en un recorrido de mirada crepuscular, desgastada, cercana a los hechos de una vida, un camino para mostrar un sentido en lo efímero del estado de las cosas.


Toda una declaración de principios en algunas imágenes de un 'macho' con la sapiencia de quien nos muestra otras vías para seguir, para contar el devenir en una palabra. Cry Macho, basada en la novela de N. Richard Nash, junto al guion de Nick Schenk, nos relata, con el particular lenguaje cinematográfico del cineasta, una historia ambientada en la Texas de 1978, lugar donde una ex estrella del rodeo, y criador de caballos retirado acepta un trabajo de su antiguo jefe, una misión para traer de vuelta a casa a su hijo desde México y alejarlo de las malas influencias de su madre. Un viaje, una aventura desde México a Estados Unidos con los tonos de un viaje iniciático, cierto laconismo, amable por momentos, el film está constituido por las características del cine de Clint Eastwood, pero con menos empaque en su resultado final y de menor categoría de la habitual, a pesar de una fotografía notable, una banda sonora muy acertada...


Con menos fuerza, algo de humor y varias secuencias entre patéticas y ridículas además de escasamente creíbles (la del baile, la labor del personaje principal como veterinario sanador o persecuciones donde aparece por arte de magia uno de los malhechores), el capítulo de las interpretaciones correctas, sin mas. En su capitulo a destacar, es sí, se encuentra el tono melancólico que tan bien imprime el director. La película no es un ejercicio de primer nivel fílmico, estando muy por debajo de títulos tan emblemáticos como Gran Torino y, sobre manera, de Un mundo perfecto. La canción Sabor a mi, un gallo de pelea y los tramos por México no son suficientes para una película bastante irregular. Aunque menor en la carrera de Eastwood y final previsible, Cry Macho es un fin de buenas intenciones pero sin tanta pasión y con menos cresta.