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Crítica: "¡A todo tren! Destino Asturias", por Paco España

Con esta película tengo un problema, que la he terminado de ver hace tres horas y ya he comenzado a olvidarla. Alguien puede pensar que ese es un problema de la antigüedad en mis conexiones cerebrales, que también, pero el principal motivo de mi amnesia galopante hacia este título es su ínfima calidad y bajísimo interés. Se trata de un 'remake' de una reciente película francesa que desconozco de título Attention au départ! y cuenta la historia de seis niños que se embarcan en Madrid en un Alvia que lleva destino a Asturias y, por circunstancias absolutamente inverosímiles, el tren parte dejando en tierra a sus cuidadores, el padre de un niño y abuelo de otro, provocando que los niños realicen el viaje sin adultos a su cargo, hostigados por un revisor, interpretado por Florentino Fernández, que pretende emular al inspector Gustav, en la piel de Sacha Baron Cohen, de la estupenda Hugo, de Matin Scorsese, quedando aquel en un estereotipo de personaje perverso sin la menor de las gracias.


No voy a poner en duda ni el talento ni la valentía de su director, Santiago Segura, que ya el año pasado estrenó en salas Padre no hay más que uno 2, salvando las taquillas del verano de 2020. Cuando todos los productores se refugiaban en las plataformas digitales y daban la espalda a los exhibidores, dejándoles sin material taquillero que llevarse a la boca, Segura les proporcionó un título, en un momento muy difícil, que hizo que la gente se sobrepusiera a sus miedos y se acercara a las salas, suponiendo un éxito que arregló el verano a los responsables de las salas y a él mismo, por supuesto. Esto no guarda relación ninguna con la calidad de esta película, que tiene un guion en el que prima lo inverosímil para hacer avanzar la historia de manera forzada, repleto de gags romos y ausentes de gracia, y con personajes de cartón piedra a los que ningún actor y actriz es capaz de insuflar un poco de vida, solamente las breves secuencias en las que aparecen Antonio Resines, Itziar Castro y Eduardo Antuña tienen un poco de relieve. Como es habitual, el director tira de su larga lista de 'amiguetes' para que rellenen secuencias con su popularidad, como es el caso de Joaquín Reyes, David Guapo -éste con un papel más amplio pero igual de vacío-, Jorge Sanz, Eva Isanta, Paz Vega, Paz Padilla, Cristina Pedroche o Josema Yuste.


Tanto Santiago Segura como Leo Harlem, en sus papeles protagonistas, no saben aprovechar su demostrada vis cómica. El otro protagonista, el televisivo Diego Arroba 'El cejas', parece un personaje sobrante que ha caído por allí. Eso sí, los niños, a pesar de su corta edad, demuestran cierta competencia, como es el caso de Sirena Segura, hija del director, y especialmente Alan Miranda y Luna Fulgencio -ésta última ya ha demostrado su calidad en diferentes cortos, series y largos desde 2017-. Algunos espectadores aseguran que les gusta ir al cine a no pensar. Para ellos, esta película puede ser su momento ya que tiene el encefalograma más plano de todas las que he visto tras el confinamiento. Conozco a una persona que posee una gran erudición en aspectos ferroviarios que si tiene la ocasión de asistir al visionado de esta película se podrá abstraer con las incoherencias técnicas, que a buen seguro encuentra. De esta manera podrá disfrutar de unas situaciones que dan muy poquito juego en el aspecto argumental.