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Crítica: "Expediente Warren: Obligado por el demonio", por Javier Collantes

Miedo, terror, apariciones y el resto de componendas en estos ámbitos sacuden también las ramas del cine y el aspecto más intenso en el ser humano, en la existencia en fenómenos para normales y, sobre manera, la presencia del demonio, el diablo, protagonistas de muchas películas cuyo tratamiento es expuesto a una máxima sobre un auténtico giro de sorpresa en su puesta de largo... Expediente Warren: Obligado por el demonio es la octava entrega de una franquicia de un éxito arrollador entre el público ávido de emociones fuertes, 'presencias', muertes, con el poder del mal y su lucha para derrotar a las fuerzas demoníacas.


Esta última incursión nos ofrece al matrimonio protagonista, Ed y Lorraine Warren, en una nueva investigación de posesión, con giros propios de un género fílmico (a veces) carente de sorpresas, pero con la emoción en cada secuencia del mismo. Michael Chaves, de quien recordamos La llorona, filma esta nueva aventura y recoge una especia de mezcla de cine terror e investigación policíaca conservando una puesta en escena visual aceptable pero menos profunda en sus aspectos del cine de género. Su argumento nos lleva a los años 80. Los Warren investigan el caso de un hombre acusado de asesinato tras haber sido poseído por el demonio.


Sin el sentido del pavor como ocurre en las propuestas de James Wan, este nuevo relato, con los vueltos de las averiguaciones en la lucha por averiguar la verdad y esclarecer el caso, se sustenta como pilares más interesantes en sus intérpretes principales, Vera Farmiga y Patrick Wilson. Ambos dotan a sus escenas de cierta fuerza. Expediente Warren: Obligado por el demonio es un film que se deja ver, secuencial, un expediente de archivo, una nueva entrega que gira sobre un desarrollo de escasas sorpresas, un film obligado para los seguidores de la franquicia que resulta suficiente en esos términos... sin poseer del todo al espectador.