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Crítica: "Poliamor para principiantes", por Paco España

Fernando Colomo es pura historia dentro del cine español desde que comenzara su carrera como director debutando con el espléndido cortometraje Pomporrutas imperiales (1976), en pleno comienzo de la transición política, y que aún hoy pondría de muy mal humor al integrismo conservador más recalcitrante y que nunca ha sabido ni sabrá jamás lo que significa el sentido del humor. Sus primeros largometrajes -Tigres de papel, ¿Qué hace una chica como tu en un sitio como este?, La línea del cielo, La vida alegre o Bajarse al moro- forman parte del nuevo cine español de la etapa democrática. Además de estos, más tarde dirigió títulos tan relevantes como Los años bárbaros, El próximo oriente -con la que estuvo nominado al Goya el actor cántabro Javier Cifrián- y La isla bonita, una estupenda y tierna película entre la ficción y el documental.


Después de asistir a la proyección de Poliamor para principiantes he repasado con detenimiento su filmografía para ver si encontraba una película con un nivel tan bajo como esta, pero no me ha sido posible localizar ninguna y eso que hay títulos que no son maravillosos como Rosa, rosae, La banda Picasso, Antes de la quema o La tribu, en la que encontramos a Paco León, que ya protagonizara y dirigiera Kiki, el amor se hace, una propuesta en la que se hablaba de diferentes configuraciones amorosas con mucho más acierto y seriedad, aun siendo una comedia, que en la película de Colomo. Es frecuente encontrarse con Colomo delante de la cámara, como ya ocurriera con la serie que nos hacia pasar un buen rato en pleno confinamiento, Diarios de cuarentena, que suponía un golpe de aire fresco en momentos muy complicados. En el caso de la película que es el objeto de estas líneas, no le encuentro una finalidad a su existencia porque, si pretendía hablar sobre distintos tipos de relaciones amorosas, debería haber sido un poquito más riguroso, ya que también es el responsable del guión. Pero la película es una muestra de desgana cinematográfica enorme, dejando a los actores y actrices a su libre albedrío con más o menos acierto según el caso.


Hay nombres relevantes como Karra Elejalde (Mientas dure la guerra) y Toni Acosta (Señoras del (H)ampa), caras nuevas como Quim Ávila Conde (Seve, una desconocida propuesta sobre el golfista cántabro), María Pedraza (La casa de papel), Luis Bermejo (El rey) en uno de sus papeles más flojos, y las caras conocidas de Cristina Gallego, colaboradora habitual del programa El intermedio, con el Gran Wyoming, y Lola Rodríguez, la actriz transexual que tuviera un papel relevante en la serie Veneno y que cuenta aquí con unos de los papeles más agradecidos de la película, aunque su personaje es una persona transexual, algo que no tiene que ser necesariamente así, ya que anterior a esta característica, está la de ser actriz con calidad suficiente para incorporar cualquier personaje. Hay secuencias planificadas para que aparezca una persona con una bebida refrescante en la mano, posiblemente su nueva campaña sobre una bebida azul que acaba de sacar, haya promovido estos chispazos publicitarios en plena película, una lástima. Aunque probablemente ayude a obtener rendimientos económicos, algo que beneficiará a los productores, entre los que se encuentra el cántabro Álvaro Longoria y su productora Morena Films.