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Crítica: "Crónica de una tormenta", por Paco España

Crónica de una tormenta es una coproducción hispano-argentina, basada en la obra teatral titulada Testosterona de la escritora mexicana Sabina Berman, interpretada en los escenarios por la misma pareja que la película, es decir, Clara Lago y Ernesto Alterio. Por lo tanto, la película tiene su desarrollo en una sola localización, las instalaciones de un periódico, sus oficinas, talleres y parking. Así pues, la acción más interesante es la que tiene que derivar de las conversaciones de los dos personajes principales, el redactor jefe del periódico que tiene que elegir la sucesión de su propio puesto, entre Macarena, el otro personaje principal, y Vargas, el tercer personaje de la obra que aparece en el principio y el final de la función.


En los diálogos de los personajes se habla de la dificultad de la mujer en el ámbito laboral, de las relaciones entre maestro y alumna, del mito Pigmalión que envuelve un amor platónico, y de la ambición por conquistar el puesto deseado, atendiendo a los escrúpulos o no. Temas sin duda interesantes que tienen que está respaldados por intérpretes inspirados. Clara Lago hace un trabajo encomiable, pero en los niveles habituales de la actriz, y Ernesto Alterio, un gran actor que lo demuestra con cuentagotas, en esta ocasión se le ve acomodado en sus gestos habituales, lo que hace que el espectador vea constantemente al actor y nunca al personaje, algo que va en detrimento de la credibilidad de lo que está contemplando. A estos dos trabajos tenemos que unir el desconcierto que produce ver al actor argentino Quique Fernández, hablando con la voz tan característica del actor español Víctor Clavijo. En el reel que el actor tiene en Youtube se puede ver una de las secuencias de la película con su propia voz y realmente el resultado es muy distinto al que vemos en la película y que a mi me saca de ella completamente.


Crónica de una tormenta, que está escrita y dirigida por la realizadora argentina Mariana Barassi, supone su primera película y tiene más valor por las intenciones que por el resultado. Aunque el uso de la cámara en un espacio tan reducido es acertado, el trabajo de los intérpretes no tiene el gancho suficiente para captar al espectador porque, en parte, los diálogos son formularios y carentes de chispa, lo que hace que las 85 minutos de su metraje lleguen a pesar en algún momento y no se lamente la aparición de los primeros títulos de crédito sobre la pantalla.