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Crítica: "La última gran estafa", por Javier Collantes

De comedias y remakes, el cine se encuentra completo en sus argumentaciones sobre historias anteriormente vistas u olvidadas. En modo de fuente inspiradora o revisión con sus variantes, una nueva película resulta, por momentos y en modo homenaje con su misión de recaudar en taquilla, una nueva misión, a veces sin orden ni concierto, otras una bocanada de aire fresco a su versión original que intenta reforzar su misión del ser recordada o simplemente olvidada.


La última gran estafa es un remake de la película de 1982 The comeback trail, un film olvidado por algunos y recordado por una minoría. En esta ocasión, vuelve a ser un homenaje al séptimo arte, cine dentro del cine, cuya estética de los años 70 queda palpable en su granulado y puesta en escena, una clase fílmica ya olvidada. Con una dirección aceptable, sin recalcar narrativa y fotografía correcta, es la historia de un productor de Hollywood de películas de serie B.


Tras el fracaso de su anterior película, necesita una nueva producción cinematográfica para saldar deudas con un jefe de la mafia. Será con una película de acción, un western concretamente, y provocando la muerte del actor principal para cobrar el seguro. El actor principal es una vieja estrella deprimida, con problemas de muchas índoles, y el productor intentará alcanzar su propósito, aunque la paradoja de este rodaje será una sorpresa de resultados inimaginables.


A base de gags más o menos simpáticos, La última gran estafa, que por instantes se deja ver, avanza de forma inofensiva. Es cierto que contiene esa sapiencia fílmica de película comercial de otra época, consiguiendo su misión a medida que la historia avanza: el rodaje de una película, golpes de humor, diálogos inocentes pero certeros... el film discurre sin falsa nostalgia, presentable y entretenido, destacando la presencia, y en especial una secuencia, de Tommy Lee Jones.


Robert De Niro, menos histriónico que en sus últimas interpretaciones alimenticias; y un Morgan Freeman cumplidor, que ya es suficiente, completan el elenco de La última gran estafa, una película que tira de la capacidad de transmitir de sus protagonistas, rostros llenos de verdades pero también de fracasos y libertades, para pasar más de hora y media entretenida, y ya es suficiente, una película sin apenas exigencias, una del oeste en rodaje cabalgando con/sin glamour.