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Crítica: "Veneno (serie de tv)", por Paco España

Recuerdo con bastante nitidez aquella noche de abril de 1996 (todavía pagábamos con pesetas) en la que Pepe Navarro presentaba a Cristina, La Veneno, en su programa nocturno Esta noche cruzamos el Mississippi que emitía Tele 5. Aquella mujer voluptuosa, descarada y cargada de energía se coló en nuestras casas con la fuerza de un temperamento que parecía no tener límites, pero sí los tenía. También recuerdo con similar nitidez, casi 20 años antes, la noche en la que José María Iñigo presentaba en su programa nocturno a una mujer de hermosa frialdad, elegante y muy inteligente, que respondía al nombre de Bibí Andersen.


Era una mujer travesti, como se decía entonces -transgénero como se dice ahora-, que caminaba por el borde de la legalidad, porque entonces su actitud vital y apariencia femenina, cuando el nombre que aparecía en su DNI era Manuel, suponía un delito contemplado en la ley de vagos y maleantes. Pero Bibiana Fernández, nombre con el que se la conoce ahora, era una persona con una cultura y una inteligencia que le han servido para llegar, a día de hoy, salvaguardándose de la vorágine que representa el mundo del espectáculo, especialmente para las personas que no lo tienen muy claro y se dejan deslumbrar por los efímeros brillos del dinero y la fama que la televisión proporciona.

Entre ambas median casi 20 años, pero ya se empezaba a notar el gusto carroñero por ciertos programas de televisión. En el caso de Bibiana, el tratamiento hacia personajes fuera del estándar aún tenía cierta humanidad, pero con los años se fue perdiendo hasta convertir a sus presas en frikis para uso y disfrute de programas, comunicadores y espectadores con intereses y gusto por ese pútrido sabor. Cristina Ortiz, La Veneno, apareció en el programa de Navarro dando la impresión de que se comía el mundo, pero la realidad era muy diferente, era un ser humano maltratado por la vida, por su pueblo y por su familia, con una madre autoritaria, absorbente y anuladora de las voluntades familiares que no coincidieran con la suya.

Cuando La Veneno apareció en televisión era 'una prostituta, transexual y prácticamente analfabeta', como dice el libro que escribió Valeria Vegas sobre su vida. A esta persona sin cultura, sin formación y que apenas sabía escribir su nombre para firmar, le pusieron en la mano un fajo de billetes por decir sus cosas en la tele y la convirtieron en carne de cañón. La serie de los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, es una de las ficciones españolas que mas expectativas ha levantado en este fatídico año de la pandemia, y no defrauda. Han creado una serie que recupera la memoria de Cristina Ortiz y la pone en el lugar que siempre debió ocupar por el solo hecho de tratarse de un ser humano. Ese es el hecho diferenciador de esta serie, la profundidad humana con la que son tratados todos los personajes, no sólo los principales, también todos los demás, especialmente Paca La Piraña, que se interpreta a si misma, en la última etapa de La Veneno, la más dura y que resulta abrumadoramente entrañable.

La serie tiene la virtud de saber definir con profundidad a los personajes que aparecen aunque sea muy brevemente, tal es el caso del personaje de Juan Antonio Castillo, el cantante de la pegadiza Un limón y medio limón interpretado por el director cántabro Nacho Vigalondo, uno de los pocos personajes honestos con La Veneno y que en un par de secuencias queda definido perfectamente. En esta serie los creadores y directores demuestran que han ganado en profesionalidad y en uso del lenguaje cinematográfico, con infinidad de saltos temporales y con personajes interpretados por varios actores y actrices a lo largo del tiempo, sin que se resienta la continuidad argumental, aunque el hecho de estrenar los primeros capítulos mucho tiempo antes del resto juega en su contra y puede hacer útil volver a ver los dos primeros antes de continuar con los seis siguientes.

El trabajo de casting es brillante, contando con intérpretes de un gran parecido personal a los personajes principales y con un reparto de soporte de enorme calidad, aunque sus papeles no sean muy largos, como es el caso de Israel Elejalde, Lola Dueñas, Elvira Mínguez, Mariola Terés, Pepón Nieto, Jordi Vilches, Mercedes León, Mona Martínez o Maite Sandoval entre otros. Veneno supone un avance cualitativo en el trabajo de sus responsables en una realización mas laboriosa y compleja que sus trabajos anteriores, además de dar visibilidad y humanidad al colectivo transgénero tan vilipendiado por ciertos sectores mediáticos y sociales, poniendo de manifiesto lo que realmente son, personas, con sus debilidades y sus fortalezas, con sus sentimientos y sus peculiaridades. Hay mucho más detrás de esa apariencia que no se sujeta a los cánones estándar ni a las etiquetas establecidas y que tanto puede llegar a incomodar.

Por eso, tanto Bibiana como Cristina abrieron un camino y caminaron por él, y esos pasos permiten que ahora puedan correr personas de esas mismas características, como dice un personaje de la serie, lo mismo que los Javis pueden correr por un camino que abrió y por el que ya caminó un escarizado director manchego de nombre Pedro y de apellido Almodóvar, sin cuya existencia, probablemente, esta serie no tendría razón de ser. Veneno puede verse en su totalidad en Atresplayer Premium. Los dos primeros capítulos están disponibles gratuitamente en Atresplayer.