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Crítica: "Rifkin's Festival", por Javier Collantes

El estreno de una nueva película del extraordinario cineasta Woody Allen traspasa, entre crítica y público, los cauces en la manera de trasmitir sus historias, películas con notable éxito en España y Francia, la alternativa de una clase de cine distinta. A lo largo de su extensa carrera como director, Allen ha demostrado y muestra sus alardes, incluso con sus obras menos acertadas. Ahora nos ofrece un nuevo título, Rifkin's Festival, que se centra de nuevo en su mundo fílmico.


En esta ocasión se traslada a San Sebastián-Donosti, ciudad donde un matrimonio estadounidense acude al Festival. La pareja, prendada de la belleza de la ciudad y el ambiente cinematográfico del certamen, se encuentra con su posible ruptura: ella tiene un asunto con un director de cine francés, él se enamora de una médico de la ciudad... y, a partir de aquí, él un escritor, ella una representante, llegarán a una respuesta final sobre su relación.


En esta película rodada en modo de tarjeta postal, los personajes pasean, él se pregunta sobre el sentido de la vida, ella ansía vivir nuevas experiencias, y las referencias cinematográficas son constantes, idiosincrasia de Woody: Fellini, Pasolini, Antonioni, el cine japonés, Goddard y Al final de la escapada, homenaje a Ciudadano Kane, El séptimo sello de Bergman dramatizado y secuencia en el inconsciente del escritor sobre Buñuel y El ángel exterminador.


Este festival de cine rodado, según da toda la sensación, a modo de encargo resulta un film de escasa fuerza, más bien con poca alma, un festival de secuencias y momentos que van desde el delirio hasta el bochorno, metraje sin esfuerzo acolchado por una fotografía de Vittorio Storaro dotada de colores exagerados y una música de Stephane Wrembel repleta de acordes sin emoción, un mero ejercicio de existencialismo reflexivo en el que la chispa está en reserva.


Respecto al apartado de intérpretes, el destacado es Wallace Shaw, el único que mantiene el nivel en una historia que no existe. Elena Anaya y Christoph Waltz aceptables en sus roles, endeble el papel de Sergi López y aprobado el de Gina Gershon. El resto, en modo figurantes apenas inapreciables en sus secuencias. Rifkin's Festival es un film menor y aburrido, el más flojo y menos interesante de su dilatada filmografía. Nos quedamos con Donosti.