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Crítica: "Corpus Christi", por Javier Collantes

En la variedad cinematográfica se encuentra el gusto por nuevos enlaces de otra clase de películas. Dicho comentario enlaza con una nueva diversidad de temáticas, la denominación del cine religioso, o con las líneas en sus variantes, que en su fondo predomina una fuerte convicción en sus creencias. En el orden fílmico se han visto películas desde muchos puntos de vista, pero a veces sorprenden unos nuevos parámetros en un sentido humanista, con la vocación religiosa.


El film Corpus Christi, dirigido por el cineasta polaco Jan Komasa, nos relata con verdadera pasión un asombroso, eficaz y sobresaliente ejercicio que enardece el séptimo arte, la historia de un muchacho de 29 años llamado Daniel que experimenta un cambio espiritual en su vida mientras vive en un centro de detención juvenil. Su deseo de ser sacerdote resulta imposible debido a sus antecedentes penales. Pero cuando es enviado a trabajar a un taller de carpintería en un pueblo pequeño, a su llegada, por circunstancias del factor aprovechar la oportunidad en forma de suplantación de cargo, se hace pasar por un sacerdote y se hace cargo de la parroquia local durante unas semanas.


Inspirado en hechos reales, el film es una metáfora, una parábola, una fábula que, con el sentido narrativo, deriva en una extraordinaria película sobre un personaje que convierte su fe en una misión para ayudar a los demás y a si mismo, un encuentro que, en modo de exposición del personaje, acontece en su texto un ensayo bíblico con instantes sublimes. En su contexto trasluce una lectura sobre las clases sociales y su país (Polonia), para constituir una verdadera lección de humanidad en cada cuadro secuencial, con la presencia de una esencia de una persona que se constituye en su lugar en el mundo, con las condiciones de engañar para salvarse, ¿o su realidad es auténtica?


Con estas preguntas y más, el film es contundente y sensible, honor en cada diálogo y una fotografía que ilumina cada plano hasta lograr una obra maestra. Su banda sonora es excepcional, genial. La dirección es magistral. La interpretación de Bartosz Bielenia es de los mejores registros interpretativos de los últimos años en cine. El resto, sobresaliente. Corpus Christi traspasa la piel del espectador, una de las grandes obras fílmicas de 2020, genialidad en pantalla grande.