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Crítica: "Los que buscamos", por Paco España

Como viene siendo habitual, la plataforma FILMIN está siendo la alternativa o el complemento digital a diversos festivales cinematográficos de 2020. En estas fechas se pueden ver, dentro de sus contenidos, distintas producciones del Festival de Cine y Televisión del Reino de León, entre los que se encuentra el documental Los que buscamos. Su director, el mallorquín Óscar Bernácer, tiene en su haber una prestigiosa carrera como cortometrajista con títulos como los multipremiados Desayuno con diadema y Bikini, habiendo terminado recientemente la realización de otro gran trabajo titulado Stanbrook, nombre del barco británico que fue testigo de la huida de miles de personas ante la inminente llegada del ejército franquista a Alicante en 1939.


Bernácer es, además, uno de los productores de la reciente producción Asamblea, de Álex Montoya, de la que se decidió su estreno absoluto en esta misma plataforma, lo mismo que hizo otro director mallorquín, Toni Bestard, con su película Pullman. Los que buscamos es un excelente documental que nos muestra un grupo de personas de Valencia y Alicante que buscan la pieza del puzzle que les falta para completar sus vidas, como dice una de las personas entrevistadas. Este grupo lo componen personas que fueron separados de su madre al nacer y criados en otras familias o madres que nunca volvieron a ver a sus hijos tras el nacimiento, bien porque les dijeron que habían muerto o simplemente porque desaparecieron.


Dentro del grupo que lucha por poner luz al pasado de sus vidas destacan Ascensión Orive, a quien, cuando tenía 16 años, su hijo le fue arrancado de las entrañas literalmente y nunca vio, de la que sus testimonios y recuerdos son portadores de gran emotividad; y el abogado Enrique J. Vila, que descubrió accidentalmente que era adoptado tras la muerte del que suponía su padre y que lleva más de veinte años luchando por saber la identidad de su madre biológica. Sus investigaciones le llevaron a descubrir que se pagó un millón de pesetas de 1967 por su adquisición, una enorme cantidad de dinero para esa fecha y que pone de manifiesto la sistemática corrupción de la administración franquista, con la colaboración de médicos y abogados, y la necesaria connivencia de las órdenes religiosas.


Especialmente las monjas, verdaderas artífices del mercadeo de seres humanos y el posterior bloqueo de la información a los afectados sin que ninguna autoridad ni eclesiástica, ni política ni judicial, sea capaz de poner justicia a una vergonzosa situación que España lidera en Europa, lo mismo que ocurre con los enterramientos anónimos. Con vagas disculpas como que 'no hay que remover el pasado' o 'son temas muy resbaladizos' se quebrantan impunemente los derechos fundamentales de estas personas a conocer quienes son sus madres y sus hijos, a la espera de que fallezcan los afectados y estos delitos de lesa humanidad sean tapados por el polvo del tiempo. Por eso, trabajos como Los que buscamos son necesarios para mantener la memoria activa de estos atroces e inhumanos casos.