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Crítica: "La caza", por Javier Collantes

Como un determinante en las películas de caza y presa, el cine se ha debatido entre la ficción y la presunta realidad de momentos trepidantes de lucha, persecución, huida y salvarse o morir. Existen muchos films de similitudes con el título de 'caza' pasando por ciertas características secuenciales, cazador y presa, cuyos ámbitos no difieren mucho en su fondo argumental, pero sí en su modo de tratar las páginas argumentales del relato, películas que atrapan al espectador hasta su final.


Esta nueva propuesta, La caza, se trata de una historia desconcertante en su resultado cuyas variaciones a lo largo de su metraje dejan sorprendido al espectador, una historia que nos conduce a un lugar desconocido con doce personas que no se conocen entre si y que, al despertar, perciben que intentan cazarles como animales, una auténtica pesadilla campestre.


Acción, violencia y diálogos sumidos en las críticas de política norteamericana. Alusiones a la presidencia de Estados Unidos, a la naturaleza humana, al clima... sazonado con humor, sangre, disparos, trenes y una preparación en liquidar a los obligados candidatos para sobrevivir, una sucesión de secuencias que, a veces, despista, con el ritmo de un film de clase B pero con la sapiencia y el sello de Blumhouse y que, a modo de thriller con diversión, consigue su objetivo, entretener, con una reflexión sobre Estados Unidos.


Un montaje y una fotografía normales, sin estridencias, una banda sonora que apenas se aprecia, y una filmación aprobada de otros tiempos, pero con la consistencia del relato fílmico que no engaña. Destaca la secuencia final de una pelea entre dos mujeres cuya coreografía impacta. Filosofía y crítica en torno al desprecio a determinadas clases sociales. La caza es, en toda su extensión modernizada e incluso con sus flashback para terminar dejando un poso que gusta, Rebelión en la granja.