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Crítica: "El colapso (L'Effondrement)", por Paco España

El colapso es una miniserie que ha estrenado en exclusiva Filmin. Consta de ocho capítulos con una duración de unos 22 minutos y cada uno está rodado en un impresionante plano secuencia con el que comienza y concluye la historia. Está creada por el colectivo francés Les parasites, antiguos alumnos de la escuela internacional de creación y dirección audiovisual de La plaine Saint-Denis del año 2013 que se dedican a la realización de cortometrajes para plataformas de contenidos gratuitas como YouTube. En el 2014 cosecharon un importante éxito con el título Amor artificial, éxito que se vio acrecentado en 2016 con el corto de notable carga política Jeu de societé, un trabajo en el que una familia (cualquier parecido con el clan Pujol es pura coincidencia) se reúne al completo alrededor del tablero de un nada inocente juego de Monopoly.


Cada capítulo tiene estructura independiente. El primero se sitúa en el primer momento del colapso y el penúltimo varios meses después. Solamente el último capítulo nos muestra la situación anterior al colapso. Cada uno de ellos tiene intérpretes diferentes, aunque algunos de los personajes interseccionan entre dos capítulos, tal es el caso de la actriz Lubna Azabal, que pudimos ver protagonizando la estupenda Incendies, de Denis Villeneuve, en 2010. En este caso es la única protagonista del séptimo episodio, el más espectacular, La isla, y además la vemos en el último, La emisión, cerrándonos el sobrecogedor círculo. Todos los capítulos están rodados en aparente plano-secuencia, en el que la cámara acompaña a los personajes por inverosímiles localizaciones, cubriendo distancias a pie, en coches o camiones, en avión, en el interior de ríos y bajo el mar, mostrando un enorme prodigio técnico.


Pero por su propia configuración, el plano-secuencia nos muestra acciones, planos generales de las situaciones de los personajes, muy pocas veces la cámara se aproxima al rostro de los personajes para captar su sufrimiento con toda la intensidad, aunque en algunas ocasiones sí que sucede. Lo más terrorífico de esta serie radica en su cercanía y proximidad a la realidad y, aunque está rodada en 2019, antes de la pandemia, sí que podemos ver aspectos muy próximos a los que nos ha acercado el coronavirus, como en los episodios El supermercado y La residencia. El colapso nos muestra un futuro distópico, en el que la sociedad y el mundo, tal y como lo conocemos, se viene abajo y resulta muy inquietante porque ese futuro puede estar a diez minutos... o menos.