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Crítica: "El plan", por Paco España

Carlos Polo Menárguez es un director emergente con una trayectoria dedicada al mundo de la publicidad, a las realizaciones televisivas (MasterChef) y al documental (Invierno en Europa, sobre los emigrantes afganos en Serbia), con escasas, aunque muy interesantes, incursiones en la ficción: Dos amigos, con muchos puntos en común con la película objeto de estas líneas, además del espléndido cortometraje Congénita, protagonizado por Pedro Casablanc.


El plan de esta película es el perfecto Macguffin, expresión acuñada por Alfred Hitchcock con la que se refería a 'una excusa argumental que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia, pero carece de relevancia por sí misma'. Tal es así que no sabemos y nunca sabremos en que consiste dicho plan, aunque es lo que motiva que los tres personajes se reúnan en un oscuro y sombrío piso de Usera en Madrid. Piso que tiene personalidad en si mismo y lugar de encierro de los personajes, del que salen escasos segundos durante el metraje, apenas a la terraza o al portal, pero nunca se desprenden de su influencia.


Algo que tiene toda la lógica del mundo, ya que el guión es la adaptación de la obra teatral del mismo título escrita por Ignasi Vidal y de la que el actor Chema del Barco (Petra) es el único que repite, acompañado ahora por Raúl Arévalo (Cien años de perdón) y Antonio de la Torre (La trinchera infinita), un trío de actores en estado de gracia, que puedes desarrollar con amplia generosidad sus personajes a pesar de las estrecheces físicas y morales en las que se mueven.


Parodiando a la famosa película de Fernando León de Aranoa, Los lunes al sol, ésta podría titularse los 'martes a la sombra', donde tres amigos y ex trabajadores de seguridad privada en paro recuerdan y reviven las amargas experiencias vitales y laborales que les llevaron a perder sus empleos, fruto de la voracidad de su empresa y de una sociedad ensimismada en el beneficio económico como único objetivo.


Los tres amigos conversan, se reprochan, se apoyan y se sacan todas sus miserias en un alarde de testosterona, donde las mujeres aparecen en las conversaciones como impulsoras de las diferentes líneas argumentales hasta sus últimas consecuencias, como se puede constatar en el sorprendente giro final. Los 79 minutos de duración de El plan contienen un guión que funciona con precisión y tres interpretaciones con la enorme calidad de sus tres actores. ¿Qué más se le puede pedir?