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Crítica: "Malasaña 32", por Paco España

Este es el primer trabajo en solitario de su director, Albert Pintó, ya que anteriormente, tanto en cortometrajes (Nada S.A, RIP) como en el largometraje Matar a Dios, esta función era compartida con Caye Casas. Malasaña 32 se encuadra dentro del género casas encantadas. En este caso la familia víctima de la propiedad fantasmal no es americana sino española de 1976, que busca salir del ámbito rural, escaso de oportunidades, para buscar trabajo y salida para sus hijos en Madrid, en empresas con Pegaso o Galerías Preciados.


La película cumple con todos los arquetipos de este género, incluso abusando de ellos. No hay un plano en el que no se cierre una puerta con brusquedad, no aparezca otro personaje de súbito por detrás o no aparezca un extraño reflejo en el espejo del cuarto de baño y todos ellos apoyados en el inevitable efecto sonoro. Esta profusión en las acciones para intentar crear una tensión forzada produce una disminución en su credibilidad, ya que la atención del espectador permanece a la espera el siguiente susto, en lugar de relajarse viendo las vicisitudes de esta familia y en el momento que menos se lo espere, con la guardia bajada, propinarle otra sorpresa, que sería lo adecuado.


Pero, curiosamente, a medida que avanza la película se van afinando estas situaciones hasta llegar a una resolución aceptable, incluso diría interesante y sorprendente, que no puedo desvelar, pero que podría situar la historia en el vecino barrio madrileño de Chueca. Los protagonistas de esta película son actores y actrices solventes aunque no demasiado conocidos, desde el niño Iván Renedo a los jóvenes Begoña Vargas y Sergio Castellanos, los más reconocibles Iván Marcos y Bea Segura, y el veterano José Luis Madariaga hacen su trabajo con credibilidad y eficacia.


Los actores y actrices con más nombre son los encargados de los papeles secundarios, como el inevitable (en este tipo de películas) Javier Botet, 'La niña ' Medeiros', encargado de dos personajes, y la increíble pareja de mediums compuesta por María Ballesteros y Concha Velasco. Malasaña 32 es una película eficaz, que hará las delicias de los espectadores adeptos a este tipo de propuestas cinematográficas y que demuestra que el cine español se puede enfrentar al cine de género sin complejos.