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Crítica: "Midway", por Javier Collantes

El género bélico ha sido objeto de versiones varias desde diferentes puntos de vista, reflexiones sobre la humanidad en los conflictos de guerra, batallas con ganadores y perdedores, victorias y derrotas que adquieren en el cine otra dimensión. Tras La batalla de Midway o Tora! Tora! Tora!, ahora se estrena la potente Midway, enésima aproximación a este contexto, en 1942 en plena Segunda Guerra Mundial, por parte de Roland Emmerich, cineasta que muestra un pulso firme para este ofrecer este relato que, terminado el devastador ataque que destruyó Pearl Harbor, se convirtió también en otra batalla que cambió el curso de la Historia.


En base a un presupuesto de 100 millones de dólares y la inmensidad de supuesta en escena, Midway es grandiosa y emite cine clásico de esta índole en cada secuencia y plano de un modo extraordinario, una apuesta por una clase de cine ya en desuso en el cual se enardecen las características propias del género. Con una excelente banda sonora, perfectamente utilizada en sus secuencias, las imágenes, incluso con los clichés de algunos diálogos, te dejan atrapado. Midway funciona y entretiene siendo, posiblemente, el trabajo más destacado de Rolad Emmerich.


Con momentos extraordinarios de esta batalla aérea y naval, con instantes trepidantes y llenos de emoción, Midway es una de esas películas que no deforma el cine, simplemente muestra grandeza incluso con las secuencias más típicas, entre el dolor y la pérdida. Con unas interpretaciones muy dignas -entre las que destacan Woody Harrelson, Luke Evans, Dennis Quaid, Ed Skrein y Patrick Wilson, Midway es un ejercicio cinematográfico de buen nivel en su caligrafía visual y otorga, en cada instante, cine comercial equilibrado que no engaña a nadie, siendo su mejor virtud la elegancia en todos sus aspectos. Una película de pantalla grande.