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Crítica: "Terminator: Destino oscuro", por Javier Collantes

Existen películas que marcan una época determinada en el séptimo arte, en modo comercial o artístico, emblema de la clase de cine que muestra una determinada faceta que acoge a toda una serie de seguidores, sobre un personaje cinematográfico, una acción entre el personaje que representa y su presencia, el Arnold Schwarzenegger, un cineasta o una protagonista, iconos en la ciencia ficción, en el terreno de batallas sobre robots, humanos, en un mundo apocalíptico.


Terminator representa a una nueva fórmula de cine que en 1984 produjo la admiración de crítica y público, sorprendente, audaz, emocionante, en una propuesta de cine que traspasaba límites en esta manera de contar una historia futurista. La franquicia se encuentra servida, ahora llega la sexta entrega, después de Terminator, Terminator 2: El juicio final (1991), esta nueva aventura de Terminator: Destino oscuro continuando los acontecimientos de la anterior, sin olvidarnos de Terminator 3: La rebelión de las máquinas, Terminator: La salvación y Terminator: Génesis, se comprende una nueva entrega que no defrauda, entusiasma y es digna de denominarse el arte de no traicionar el fondo de las franquicias.


Justa ordenada, entretenida, Terminator: Destino oscuro nos devuelve al cine espectáculo, con grandeza en su puesta en escena, diálogos, guión, dirección, bajo la producción de James Cameron, en una apuesta sobresaliente, coherente, magnifica. En esta nueva aventura, Sarah Connor aparece para ayudar a una mujer mitad humana y robot para las dos juntas proteger a una joven puede ser la solución en el enfrentamiento entre humanos y robots, terminators, máquinas, la joven elegida en modo de la llegada del salvador, en un modo mesiánico, constituye la esperanza del mundo. Bajo un argumento muy digno, el film es un prodigio de cine comercial perfectamente ajustado, sobre imágenes impactantes, secuencias espectaculares...


Y, sobre manera, unas presencias magistrales de Schwarzenegger y el extraordinario papel de Linda Hamilton, sin olvidarnos de Mackenzie Davis, Natalia Reyes, Gabriel Luna, un terminator muy poderoso, el T-800 de Arnold, constituye un ejercicio de buen cine que no decepciona, gusta y emite emoción. Sin olvidar que en su rodaje participa personal español, que su banda sonora y sonido son la muestra tangible de historias que permanecen imborrables en la memoria del espectador, que desea pasar dos horas de cine con una buena factura en sus múltiples variantes. Una dosis cinematográfica de puro relato liberador.