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Crítica: "Pequeñas mentiras para estar juntos", por Javier Collantes

El cine debe de servir para hacer verosímil lo inverosímil. Además, el arte cinematográfico tiene que contar una historia, servir para entretener y diversificar ideas sobre la vida. Narrar pedazos de vida, de una forma poética o tan real y directa como la propia vida. Un arte que plasma en imágenes pensamientos, actos y recuerdos con finales positivos. A este ejemplo corresponde Pequeñas mentiras para estar juntos, un film francés dotado de unas capacidades expositivas como la cinematografía gala sabe hacer: industria, entretenimiento y cultura.


Con un título tan sugerente, y a modo de secuela -en 2010 es estrenó Pequeñas mentiras sin importancia-, Pequeñas mentiras para estar juntos resulta una continuación a todas luces convertida en una pequeña delicia de cine comercial notablemente equilibrado, emocionante, completo de humor y tragedia, cuyas secuencias son dignas de apreciar. Pese a sus más de dos horas de metraje, Pequeñas mentiras para estar juntos se nos antoja, a todas luces, acertada tanto en su sencilla composición visual como en sus reconocibles paisajes humanos.


Al borde de la depresión, Max decide pasar el fin de semana en su casa de la costa, sin que nadie le moleste, antes de ponerla en venta. Sin embargo, las circunstancias serán bien distintas y sus viejos amigos se presentarán por sorpresa para celebrar su cumpleaños y recordar los viejos tiempos. Si la excelente Los amigos de Peter (1991), de Kenneth Branagh, era un ejercicio con resonancias de dramatismo y nostalgia, Pequeñas mentiras para estar juntos combina drama y humor sin apartar la mirada de los problemas, el paso del tiempo, las relaciones sentimentales y el sexo....


El actor-director Guillaume Canet define el trazo suficiente del cine nada superfluo a través de las personas y sus recuerdos, fracasos y miserias, una conducción de guión sobresaliente con una excelente banda sonora y extraordinarias interpretaciones de un reparto coral, en especial de Cluzet, Cotillard, Magimel y José Garcia. Con todo ello, y las situaciones de divertimento con estilo, Pequeñas mentiras para estar juntos denota, a pesar de las diferencias conyugales, las raíces de un epílogo magistral, optimista y solidario sobre la amistad.