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Crítica: "Madre", por Paco España

Es relativamente frecuente que un cortometraje sea el germen de una película larga, tal es el caso de Amar, de Esteban Crespo; Carne de neón, de Paco Cabezas; Impávido, de Carlos Therón... incluso AzulOscuroCasiNegro es el desarrollo del cortometraje Física II de Daniel Sánchez-Arévalo. Por eso, que esta película provenga del magnífico corto Madre (2017), con el que se abre la película, es algo que se produce con cierta asiduidad. Lo que no resulta frecuente es que se aborde un tema como este, tan complejo y difícil, y que se haga con tanto acierto. Pero el mérito no es solamente de Rodrigo Sorogoyen. Isabel Peña, la coguionista de este y de todos los largos anteriores del director (El reino, Que Dios nos perdone y Stockholm), demuestra que el tandem es capaz de abordar con éxito temas y géneros tan diversos, aunque todos mantengan una cierta personalidad en el estilo.


Madre no toma el camino fácil para buscar lo sucedido con el niño, sino que hace una introspección compleja del interior del personaje materno y nos habla de una de las experiencias más dolorosa que puede atravesar alguien que ha dado vida a otro ser, algo que es mucho más doloroso que la muerte de este, su desaparición, lo que provoca la imposibilidad de poner término al duelo, tan necesario para seguir viviendo con cierta normalidad. En el caso que tratamos, esa experiencia se prolonga a lo largo de diez largos años, 3650 días con sus noches sin saber lo que le puede haber sucedido a su pequeño hijo de seis años. Los procesos mentales para enfrentarse a esta situación pueden tener una complejidad muy difícil de comprender por personas que no hayan pasado por ella, y reflejar en imágenes algo que afecta al interior tan profundo de una persona no es fácil de conseguir, pero, en esta ocasión, cuenta con el extraordinario trabajo de Marta Nieto (Litus), que hace un trabajo de interpretación que supera los límites de la profundidad de los personajes que se pueden ver en una pantalla de cine.


Es cierto que la premisa con la que arrancan el corto y el largo resulta un tanto inverosímil: ¿Cómo un padre puede dejar solo a un niño de seis años en una inmensa playa francesa completamente solitaria, mientras vuelve al alejado coche a buscar algo allí olvidado?. Pero, ¿es posible que alguien que tiene que llevar a su hija a la guardería para después ir a trabajar, se olvide llevarla y la deje dentro del coche varias horas al sol hasta que una vez terminada la jornada, descubra el pequeño cuerpo deshidratado?. Esto último sí que ha sucedido el año pasado en Madrid. A veces la realidad hace posibles situaciones que en la ficción no parecen pasar el filtro de la verosimilitud. Cabe destacar en esta película el trabajo del actor Alex Brendemühl, como pareja de la protagonista, que ejerce de yunque sobre el que golpea constantemente el martillo psíquico de la protagonista, un actor descubierto para el gran público en Las horas del día (2003), de Jaime Rosales, y que tiene una gran habilidad para involucrarse, la mayor parte de las veces, en títulos interesantes y diferentes como Madre.