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Crítica: "Diecisiete", por Paco España

Diecisiete es una road movie por la Cantabria Infinita ya que está rodada en esta región, con localizaciones desde las inmediaciones de la calle Alta de Santander a un famoso centro comercial, pasando por diversos parajes y paisajes de la costa y la montaña. Todo este periplo es cubierto por tres personajes: dos hermanos y su abuela, ademas de, eventualmente, por un perro de tres patas. La película de este tipo que se precie es realmente una historia de búsqueda, pero de búsqueda hacia el interior de los personajes. Al llegar al final del camino, esos personajes deben haberse encontrado a si mismos, en todo o en parte, pero ya no deben ser los mismos que lo iniciaron.


Recordemos, sin ir más lejos, la brillantísima obra de arte de David Lynch Una historia verdadera. La distancia entre Diecisiete y esta última es considerable, pero se pueden encontrar algunos puntos en común, como por ejemplo el tipo de transporte no parece el más indicado para este tipo de viajes, una motosegadora en aquella y una autocaravana en esta, o los personajes puntuales que van apareciendo por el camino y van aportando otras reflexiones vitales. En esta aparecen el estupendo actor cántabro Javier Cifrian, protagonizando un emotivo episodio con un perro que ha perdido a su amo, y Chani Martín, conocido por ser el doble de Luis Tosar en un spot publicitario de una marca de cerveza, protagonizando un episodio familiar tan profundo como divertido. Aparecen también en la película Kándido Uranga, autentica institución del cine vasco, e Itsaso Arana, protagonista absoluta de la reciente La virgen de agosto, de Jonás Trueba.


Los tres personajes principales están interpretados por Lola Cordón, la abuela viviendo sus últimos días, que sirve como detonante y giro de algunas situaciones; y los jóvenes Biel Montoro y Nacho Sánchez como los hermanos que emprenden la búsqueda de si mismos, intentando vencer los problemas que les acucian, el pánico al compromiso de uno y el deficiente mecanismo de relación con los demás del otro. Es destacable la química que se establece entre estos dos actores que tiene una gran verosimilitud.


Resulta muy agradable volver a ver un trabajo de Daniel Sánchez Arévalo bien construido y desarrollado en el que parece que el guión ha tenido una gran importancia, no como ocurría en sus últimas películas, especialmente La gran familia española, donde desaparecía como mantequilla al sol para convertir la película en una sucesión de sketches sin profundidad dramática y que únicamente se salvaban por acierto y calidad de su reparto. Ya conocíamos la calidad de este director para plantear y desarrollar historias complejas y humanas, como pudimos ver en AzulOscuroCasiNegro y parcialmente en Gordos, pero, con el paso del tiempo, esta capacidad parecía diluirse, hasta que ha llegado Diecisiete para demostrarnos que no es así. Una película que no deben perderse los amantes de los perros, ya que su influencia y protagonismo en la película es muy importante.