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Crítica: “Sordo”, por Paco España

Sordo es una producción de La Caña Brothers, adaptación del cómic homónimo español sobre los maquis, escrito por Rayco Pulido y David Muñoz, que recibió el premio nacional del cómic en 2017. Se trata del segundo largometraje de su director, Alfonso Cortés-Cavanillas, tras Los días no vividos, con Javier Godino, Asier Etxeandía e Ingrid Rubio. Etxeandía repite en Sordo, encabezando un elenco tan importante como irregular.


Intervienen en la película Hugo Silva -apenas reconocible entre la gorra y la barba, sus heridas y la poca luz de sus secuencias-, Marian Álvarez -Goya en 2014 a la mejor interpretación por La herida-, Aitor Luna -poco creíble en su papel de despiadado capitán franquista-, Imanol (Alcántara) Arias -con un papel afortunadamente corto y siempre acompañado por el actor Jorge Basanta, ‘Cuco’ Santos en la serie de TV Cuéntame y ‘Franquito’ en esta película-.


También son protagonistas de Sordo la actriz rumana Olimpia Melinte -Goya a la mejor actriz revelación en 2014 por Caníbal, de Manuel Martín Cuenca, como la sanguinaria francotiradora rusa-; y los grandes actores Manuel de Blas y Antonio Dechent, que solamente aparecen en una secuencia instrumental para calibrar la maldad del personaje de Melinte.


Sordo cuenta la historia de una grave pifia, cuando, tras la guerra civil, un comando republicano se infiltra en España para volar un puente pero les estalla en mitad de la instalación de los explosivos, matando a parte del comando e hiriendo al resto, entre ellos al protagonista que, a partir de ese momento, no puede oír y se las tiene que arreglar para sobrevivir por unos montes llenos de enemigos y alimañas.


El espíritu del cómic está muy arraigado en la película, rodada íntegramente en la zona de Campoo y pantano del Ebro, mostrando escenas de gran poderío técnico y fotográfico, pero descuidando la calidad de las interpretaciones, así como la profundidad y recorrido de los personajes. Resulta curioso que una escena corta, de apenas tres minutos (e interpretada por Ruth Díaz, Jaime Martín -que es también director de producción- y el propio Etxeandía), contenga la mayor profundidad y recorrido de personajes de la misma, ya que todos los demás suelen ser planos y de una pieza, con la única leve salvedad de las relación sentimental entre los componentes del trío protagonista.


Sordo es una película que está contada hacia fuera, cuando el infierno interior del protagonista debiera ser el que cobrara mayor trascendencia, lo que la convierte en un western de acción -no por casualidad el capitán franquista porta un rifle Winchester-, ligeramente entretenida y ampliamente desaprovechada.