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Crítica: "Ad Astra", por Javier Collantes

El cine, la literatura, documentales, informaciones, teorías, verdades, suposiciones, todo un mundo de investigaciones, que componen la eterna pregunta de si estamos solos o no en el universo. Todas estas cuestiones continúan siendo objeto de historias, que el séptimo arte ofrece películas desde diversos puntos de vista, son los momentos de la ciencia ficción, un estilo, en este caso cinematográfico, con muchas aristas expositivas, en sus tonalidades.


El cineasta James Gray, un director cuya sapiencia fílmica se percibe en los ambientes de sus films, cine negro con hechuras, cine potente como La otra cara del crimen, La noche es nuestra u otra clase de cine del descubrimiento (Z. La ciudad perdida). Es ahora cuando Gray nos conduce a un film sideral, Ad Astra, en una traducción clara, concisa como 'Hacia las estrellas' a pesar de las dificultades, en un viaje espacial, en principio interesante, aunque ya se hayan visto infinidad de películas de este estilo, con aciertos o desaciertos.


En una historia de búsqueda, el argumento nos cuenta las vicisitudes de un veterano astronauta que desapareció hace muchos años en una misión en el espacio en busca de vida extraterrestre en el planeta Neptuno. Su hijo con la misma profesión de su padre, tiene la esperanza de encontrarle y descubrir que ocurrió. La NASA aprovechando este motivo, le encomienda una misión para saber que amenaza acecha a la humanidad y a su vez encontrar 'respuestas'. Con dicho argumento el film lleno de referencias a otros títulos, está más cerca de Gravity que de Interstellar. Cercana a Marte en algunas secuencias, pero sobre manera su órbita fílmica gravita en 2001: Una odisea en el espacio, y algún atisbo de la película Apocalypse now, salvando grandes distancias 'galácticas'.


Con  estos homenajes a otras películas, el film aparentemente se apoya en una metafísica existencial, conducida por una exposición narrativa desigual, cuyo ritmo lento se deja sentir a lo largo del metraje, demasiado parsimoniosa en un viaje que apenas remonta el vuelo a Neptuno. Si es destacable su puesta en escena, pero no sorprendente, pasando a ser su aspecto en el apartado de su fotografía una iluminación digna, y ciertos encuadres, de primeros planos destacables para el nexo entre secuencias y aspectos de sus personajes.


Las interpretaciones es la mejor esencia del film, más allá de un típico mcguffin o un presentable escapismo sideral simplemente presentable. Brad Pitt, extraordinario, apariciones de Donald Sutherland o Liv Tyler, pero resulta memorable el papel de Tommy Lee Jones, que sin lugar a dudas, son los mejores diálogos, frases, y movimientos, en unas secuencias determinadas por el universo de la familia, he aquí la esencia del film.


Estas estrellas no dejan ver la inmensidad el universo, su extrema dosis de cine íntimo se aloja en una nave algo pretenciosa y a veces anodina. Un film tan frío como distante, sin emoción, anclada en un vacío nada existencial, cuya voz en off se rompe sin sentido, sus frases sin el sentido natural de cada palabra, queda solo algunos encuadres cortos, con una buena intención fílmica, pero sin ser suficiente. Un relato pretencioso sin llegar a su misión, emocionar sin aburrir... Ad Astra, tenemos un problema.