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Crítica: "Padre no hay más que uno", por Paco España

He de reconocer que para ver esta película he tenido que hacer un trabajo de distanciamiento de ciertos prejuicios que me indicaban que podía tratarse de una comedia boba y llena de tópicos sobre la frecuente inversión de roles familiares en la relaciones hombre-mujer. Efectivamente es una película llena de tópicos, con la dirección, guión, producción y protagonismo de Santiago Segura, al que no es necesario describir de ninguna manera y al que resulta muy difícil dejar de ver en la película para ver su personaje.


Cualquier intento resultará inútil, por mucha barba o peluca que se ponga, por más peso que gane o pierda, siempre emerge la tremenda personalidad del director, eclipsando la de cualquier personaje que pueda interpretar. Sin embargo y a pesar de todo esto, Padre no hay más que uno resulta una comedia eficaz, muy entretenida y con algunos momentos cómicos muy interesantes. Es reconocida la habilidad de Segura para vender y promocionar sus productos, siendo él mismo el primero de ellos, por lo que no sorprende que la película se haya colocado en el tercer puesto de taquilla en los primeros días de su estreno. Desde el punto de vista interpretativo no hay ninguna sorpresa. A su protagonismo se suma Toni Acosta, eficaz, aunque situada siempre en el mismo registro; Silvia Abril, otra actriz que supera sus personajes y la más indicada para los despendolados; y Leo Harlem, ¿alguien puede imaginarse un actor mejor para el personaje de cuñado?


A estos se unen la casi inacabable lista de 'amiguetes' haciendo cameos: Boris Izaguirre, Rosa López, Carlos Baute, El Rubius, Ona Carbonell, Miguel Lago, Diana Navarro... Ya conocemos la enorme cantidad de personas que pueden ingresar en esta lista, pero el filtro de calidad no parece muy ajustado porque en ella se encuentran personajes como Torbe, el productor de cine pornográfico cutre al que la fiscalía acaba de pedir siete años por la presunta distribución de pornografía infantil.


Es el casting de los intérpretes infantiles donde hay un acierto y brillantez notables, incluidas las dos hijas del propio director, Calma y Sirena, que pueden llegar a importantes cotas interpretativas en el futuro si esa fuera su voluntad, con una formación y progreso adecuado y si logran sobreponerse a la enorme personalidad de su progenitor. Sobresaliente el magnetismo ante la cámara de la niña Luna Fulgencio.


La enorme habilidad en el marketing de Segura se contrapone al comprensible celo con el que reserva su vida privada en los medios. María Amaro, una prestigiosa maquilladora con una larga carrera en el cine, es su pareja desde hace más de 20 años y tienen en común las dos hijas citadas, algo que el que suscribe desconocía totalmente. Me encontraba en la última fila de la sala de cine, que estaba repleta de personas jóvenes, y me llamó la atención lo poco que consultaban sus smartphones, porque su atención se centraba en lo que ocurría en la pantalla, algo infrecuente y que no se debe dejar de valorar.