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Crítica: "Los días que vendrán", por Paco España

Tras las interesantes 10.000 km y Tierra firme, su director, Carlos Marquet-Marcet, nos introduce en la vida de una pareja heterosexual, cuya vida va a tener un vuelco debido a la noticia de la próxima llegada de un hijo en común. La película está protagonizada por David Verdaguer -actor fetiche, amigo personal del director y protagonista de las dos anteriores-, al que también pudimos ver en Lo dejo cuando quiera y Verano 1993, y María Rodríguez Soto, que intervino en el exitoso cortometraje y de eminente protagonismo femenino La inútil, junto a Nausicaa Bonín y Greta Fernández.


Los días que vendrán cabalga en un ajustado equilibrio entre el documental y la ficción. De hecho, los protagonistas son pareja sentimental en la vida real y el embarazo que protagoniza la acción también lo es, pero el resto de lo que sucede en la película es ficción gracias a un guión que se ha ido creando según se iba rodando. Salvando sus enormes diferencias temáticas, se podría ver en la magnífica película norteamericana The rider un punto de conexión con esta, ya que, en ambas, la frontera entre la ficción y la realidad se diluye absolutamente dejando una sensación de verdad de gran intensidad en sus imágenes.


En Los días que vendrán, la pareja recibe una de las noticias mas importantes que puede recibir un ser humano: la posibilidad de ser madre y padre, algo que crea sentimientos vertiginosos y genera un cambio mental muy grande en los potenciales padres al sentir que un ser humano totalmente indefenso va a estar bajo su completa responsabilidad, además de cambiar de manera radical la vida como se tenía concebida hasta ese momento. Este es el motivo por el cual la natalidad ha descendido tanto en los países del primer mundo, donde muchas parejas no quieren ni esa responsabilidad ni que nadie venga a cambiar las estructuras de su vida tal y como la tienen estructurada.


Al principio la pareja se cuestiona si va tenerlo o no y, cuando se decide a continuar con el embarazo, comienzan los cambios. Uno de los primeros es la relación amorosa-sentimental-sexual. En algún momento puede parecer desamor, pero no lo es, mas bien es una, a veces, violenta y siempre rápida transformación del amor que algunas parejas no pueden resistir debido a otro de los males de nuestro tiempo, la escasez de paciencia. El hecho de que en la película aparezcan grabaciones reales en VHS del embarazo y parto de la madre de María Rodríguez Soto es una de las joyas de la película, añadiendo un toque de autenticidad aún mayor al que ya poseía.


La película termina con imágenes del parto (no se trata de un spoiler), pero la sensación es que la historia comienza en ese momento. Es posible que Carlos Marques-Marcet piense hacer una trilogía al modo de Richard Linklater y dentro de 15 años haga con el título Cuando cambia la voz el difícil momento de la adolescencia -cuando cree que solo existe una sola verdad, la propia y los consejos de los padres no son mas que 'batallitas de estos pesados'- y dentro de 30 la tercera, que podría titularse No bajes la basura, cuando ya es una persona adulta, con convicciones fuertes y maduras -que continua viviendo en la casa familiar, pero algo no le deja colaborar en las cotidianas labores logísticas, la limpieza, la compra, bajar la basura, además de impedirle ver que sus padres ya tienen una edad avanzada-. A pesar de todo ello es y será la persona más importante para aquella ilusionada pareja que miraba el Predictor con marcada ansiedad tres décadas atrás, cosas de la vida.