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Crítica: "Perdiendo el Este", por Paco España

Una de las principales virtudes, probablemente la única, de Perdiendo el Este es su honestidad para ofrecernos un producto cinematográfico determinado, de hecho la secuencia inicial de la película es la misma que la final de Perdiendo el Norte, título de 2015 dirigido por Nacho G. Velilla.


Hasta el espectador menos avispado se dará cuenta y verá la inadaptación de españoles en un país que no es el suyo, los consabidos equívocos y malentendidos, fruto del poco control con el idioma y del escaso conocimiento de la cultura en la que ahora toca introducirse.


Como en el título anterior era la cultura germánica centro-europea, ahora es la cultura oriental china. Y dentro de ese cúmulo de malentendidos habrá una somera historia romántica que intentará catalizar y centralizar el hilo argumental del relato, y, como en aquella, con escaso éxito.


La persona que presencie la película y se de por satisfecha con la peculiar forma de interpretar de Julián López, con el humor descerebrado del personaje de Miki Esparbé, con el estrambótico uso del refranero español que hace el personaje de Younes Bachir y con una historia tan levemente hilvanada, sentirá que el importe del precio de su butaca habrá sido bien invertido, pero en mi opinión es un desaprovechamiento enorme de interpretes como Edu Soto, Malena Alterio, Carmen Machi, Javier Cámara, Fele Martínez y otros, en una película sin sustancia, con un guión de nivel de parvulitos de escuela de cine, donde el conflicto, auténtica base argumental de cualquier historia que se precie, prácticamente brilla por su ausencia.


No estaría de más recordar que en el cine, al contrario que en la vida, y hasta en las comedias más divertidas, el conflicto es el que mueve la historia. Nadie puede negar la calidad de la comedia La vida de Brian, que se sustentaba en el conflicto que le suponía al protagonista de la película que le confundieran con otra persona de bíblico origen.


El único amago de conflicto se detecta cuando la pareja protagonista usa al otro para otros fines nada románticos, más bien interesados y pecuniarios, que es donde la historia remonta muy levemente, pero como la película tiene vocación de turmix conceptual y cultural tienen que ser el capote de San Fermín y el Bailar pegados de Sergio Dalma los que, al unísono, intenten arreglar el desaguisado, con más pena que gloria. El director de Perdiendo el Este, Paco Caballero, cuenta entre sus primeros trabajos con cortometrajes de interés como es el caso de Sinceridad, maravillosamente interpretado por Alicia Rubio y Raúl Arévalo.