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Crítica: "Bajo el mismo techo", por Paco España

Vaya por delante que Bajo el mismo techo es una comedia sin gracia, que sería lo mismo que ver una de terror sin miedo ni sustos, un drama sin alma ni empatía por los personajes, un musical silencioso o una de ciencia ficción sin ciencia ni ficción. En ningún momento los gags, las situaciones o los diálogos me parecieron graciosos aunque otros espectadores parecían disfrutar de la película, algo que sinceramente me producía gran envidia.


La representación de un pene a modo de firma en un documento producía una notable hilaridad en la sala. No puedo compartir ese tipo de humor tan básico y tan falto de crítica, amargura y sobre todo 'mala leche' teniendo en cuenta que estamos ante la historia de un matrimonio de larga duración en trámites de divorcio, pero tienen que vivir en la misma casa, producto de la explosión de la burbuja inmobiliaria, de la crisis económica del 2009 y de una hipoteca que los tiene cogidos por el cuello.


Una situación que pide a gritos un humor ácido, similar a La guerra de los Rose, título al que se hace referencia indisimuladamente, incluso uno de los personajes hace alusión a esta estupenda película de 1989 dirigida por el gran Danny de Vito, premio Donostia en el pasado festival de San Sebastián.


La trayectoria como directora y guionista de Juana Macías no se puede considerar ascendente. Desde el estupendo cortometraje de 2006 Frozen souls (almas congeladas) ha dirigido tres largometrajes: el estimable Planes para mañana, el flojo Embarazados, con Paco León y Alexandra Jiménez, y el que nos ocupa, al que prefiero no poner ningún calificativo. Lo mismo que ocurría en su anterior trabajo, Embarazados, se limita a contar con intérpretes competentes y de tirón mediático para que se enfrenten a un guión deslucido y sin fuerza, que se limita a relatar una serie de situaciones inconexas, sin una progresión dramática más allá de la presentación del conflicto y la resolución del mismo.


Bajo el mismo techo cuenta como protagonistas con Jodi Sánchez, actor de gran calidad interpretativa como demostrara en la reciente Formentera Lady, pero que, en los últimos años, se limita a reproducir el mismo personaje de la serie La que se avecina una y otra vez como en El mejor verano de mi vida, Señor, dame paciencia o Cuerpo de élite.


El protagonismo es compartido por Silvia Abril, la gran payasa, en el sentido más noble de la palabra, de la interpretación española, actriz con una gran solvencia en los diferentes papeles que interpreta, como ya demostrara en el programa Homo Zapping, en la reciente presentación de la gala de los Premios Goya o en el espacio televisivo Tu cara me suena. Por favor, que a alguien se le ocurra ofrecer un papel dramático a esta espléndida actriz, sería algo digno de ver y probablemente con resultados magníficos.