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Crítica: "El vicio del poder", por Javier Collantes

De nuevo, el espacio del biopic convierte dicho género en una apuesta por trasladar verdades, apuntaladas por licencias imaginativas con el objeto de hacer del relato cinematográfico un argumento más comprensible al espectador, que ocurrieron en otros tiempos, recurriendo a variaciones propias de una escritura asequible, directa y locuaz para permitir al cuerpo narrativo cumplir su misión final.


El vicio del poder nos narra, de un modo diferente, la vida y obra del burócrata Dick Cheney. Con las dosis suficientes de sátira e ironía, la película construye, de forma mordaz y brutal, el perfil sin escrúpulos y el ascenso planificado del político, todo ello con un ritmo trepidante que plasma los condicionamientos de su coherencia en torno a unas ideas tan exitosas como peculiares, siempre sustentadas por el patriotismo norteamericano del 'yo' y solo 'yo'.


Bajo un argumento que en su principio pareciera ser otro capítulo típico de 'vidas de éxito', El vicio del poder, metraje fílmico rumbo al cargo de Vicepresidente de Estados Unidos durante el mandato de George W. Bush, nos relata como un funcionario burócrata de Washington llegó a la cúspide y a tomar decisiones como impulsar la Guerra de Irak, todo un proceso de manipulación constante, un viaje con destino al poder forjado por él mismo.


Con estas premisas, El vicio del poder expone, con luces y sombras, esta sucesión de episodios políticos, rompiendo la cuarta pared y comunicándose con el espectador a través de un narrador y sus comentarios, con unos rótulos y un primer final sorprendente, un recurso que permite retomar y continuar el relato, giro de los acontecimientos como el cambio y las consecuencias del 11-S en el mundo, un punto determinante en una película tan espléndida como magnífica.


Las pinceladas muy gruesas, el humor desasosegante, la acidez de sus diálogos, su grandiosa fotografía, el guión, su puesta en escena, la dirección y su banda sonora son elementos que, en su conjunto final, son el exponente de un film grandioso, especial, combativo, rompe esquemas, para contar una historia estremecedora sobre las mentiras, las alteraciones del poder político en Norteamérica durante un época determinada... aunque, ¿ha cambiado algo?


Capítulo destacado es el asombroso trabajo interpretativo de Christian Bale, merecido Globo de Oro por un registro perfecto de un actor inconmensurable. Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell y el resto del reparto interpretan con creencia su papel, el sentir y los valores de su personaje y las debilidades de los mismos. El vicio del poder engancha por la pureza de su cine, punzante y emocional, una muestra de cine, puro oro.