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Crítica: "Yuli", por Paco España

¿Quién podría imaginar que aquella niña de mirada lánguida que protagonizara en 1983 junto al enorme actor italiano Omero Antonutti la película El sur, de un director icónico en el cine español como es Víctor Erice, se convertiría en una de las directoras mas consolidadas de nuestra cinematografía? Iciar Bollaín no ha dado la espalda a la interpretación. La hemos podido ver en papeles protagónicos en El mejor de los tiempos, de Felipe Vega; Sublet, de Chus Gutiérrez; Tierra y libertad, de Ken Loach; o Leo, de José Luis Borau.


Pero es en la dirección donde brilla con más intensidad con títulos interesantes y de calidad como Hola, ¿estás sola?, Flores de otro mundo, Te doy mis ojos, Mataharis, También la lluvia, Katmandú y El olivo, contando, además, con la colaboración en el guión de Paul Laverty, habitual de Ken Loach en sus últimos trabajos. Los contenidos de sus películas son siempre comprometidos socialmente y muy apegados a las cuestiones y problemas reales de nuestro tiempo: la inmigración, la violencia machista, la conciliación familiar y laboral de las mujeres así como sus deseos y anhelos, la influencia que aún queda de la conquista continental americana y los vínculos familiares.


Temática esta última muy presente en Yuli, en ella nos habla del bailarín negro cubano Carlos Acosta, una leyenda de la danza que llegó a ser el primer bailarín de Royal Ballet de Londres durante más de quince años. Pero hasta llegar al éxito, el camino fue muy duro. De niño no quería ser bailarín, porque sus amigos le tachaban de 'pajaro' (homosexual) y el quería ser futbolista y bailar break dance, mientras que su padre se afanaba, incluso de manera muy violenta, para que se formara en danza clásica (como Billy Elliot, pero al revés), algo que al final consiguió.


Sin embargo, la relación entre Carlos y su padre quedó duramente mellada, con muchos aspectos no resueltos, incluso tras la muerte del último, como se puede apreciar en la parte de la película que refleja la situación en la actualidad, interpretada por el propio bailarín cubano. Yuli habla del éxito, pero también de los tremendos sacrificios personales que conlleva, habla de las relaciones paterno-filiales, de su intensidad y su complejidad, de racismo dentro de la sociedad cubana por el color de la piel, y habla de arte y de danza, mostrando espléndidas coreografías con grandes bailarines. En definitiva, un título interesante y continuista, fiel a la trayectoria de su directora.