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Crítica: "Miamor perdido", por Paco España

Tras asistir a la proyección de esta película, he pensado en escribir rápidamente porque es muy probable que en pocos días no tenga ningún recuerdo de ella. Emilio Martínez-Lázaro es uno de esos nombres ilustres de nuestro cine que han estrenado trabajos en este año 2018 con muy escasa fortuna, como son los casos de Fernando Colomo, Fernando León de Aranoa, Gracia Querejeta, Julio Medem o José Luis Cuerda, aunque sería injusto no mencionar la calidad de títulos de este director en su dilatada carrera.


Lulú de noche y Amo tu cama rica a finales de los años 80; Los peores años de nuestra vida, Carreteras secundarias y la magnífica La voz de su amo en los 90, su etapa de más calidad; El otro lado de la cama, Los dos lados de la cama y 13 rosas en la primera década de este milenio; además de las recientes Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes que, al margen de su calidad, arrasaron en taquilla. En definitiva, una trayectoria con altibajos pero meritoria en cualquier caso.


Miamor (todo junto, no es una errata) perdido pretende ser una comedia cimentada en la situaciones creadas a través de la lucha de sexos y los conflictos que se ocasionan en una pareja que, en el fondo, no pueden prescindir el uno del otro. Como se puede ver, la originalidad no es su fuerte. Para ello cuenta con una base de intérpretes populares en pequeños papeles -Antonio Resines, Vito Sanz y Pablo Carbonell- y dos protagonistas de peso como Dani Rovira -auténtico rompetaquillas Ocho apellidos vascos (y catalanes), Superlópez- y Michelle Jenner, veterana actriz a pesar de su juventud y que ha demostrado su calidad sobradamente en películas como No tengas miedo, Extraterrestre, Todas las mujeres o Julieta, y series de televisión Los hombres de Paco e Isabel.


Lamentablemente, la mayoría de los gags o situaciones cómicas no funcionan. Las más verosímiles, y que pueden resultar más atrayentes, están en las manos de los personajes de Antonio Dechent, Daniel Pérez-Prada, David Pareja o Maite Sandoval, pero los encuentros y desencuentros de los dos protagonistas, con gatito de por medio, resultan repetitivas y sin gracia. He de reconocer que sin la luminosa presencia de Michelle Jenner, y su mirada (ligeramente estrábica) de pícara inocencia, me hubiera resultado insufrible.