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Crítica: "Animales sin collar", por Paco España

La Canica Films, productora de la excelente película Tarde para la ira, lo es también de Animales sin collar, debut en el largometraje del director gaditano Jota Linares, con una exitosa trayectoria en el mundo del cortometraje habiendo escrito y dirigido Rubita, 3,2 (lo que hacen las novias) -ambos protagonizados por la actriz cántabra Marta Hazas- y Ratas. Animales sin collar está inspirada, según palabras del propio director, en la obra Casa de muñecas, del dramaturgo noruego Henrik Ibsen.


De hecho, el nombre de la protagonista femenina, Nora, es el mismo en la película y en la obra teatral. Cuenta la historia de un joven político de éxito, que está a punto de ser investido presidente de la comunidad autónoma andaluza, y de su esposa, pero el turbulento pasado de la juventud de ambos llama a su puerta en el momento más inoportuno para una carrera política en ciernes. Tiene buen ritmo, que hace que la historia fluya con interés para el espectador.


También tiene ciertas lagunas y alguna reiteración innecesaria, pero se puede considerar que el resultado final tiene más virtudes que defectos. A ello contribuyen, en gran manera, los buenos trabajos de Natalia de Molina (Vivir es fácil con los ojos cerrados, Techo y comida, Quien te cantará), Daniel Grao (Prim, Acantilado, Julieta), Natalia Mateo (La vergüenza, El patio de mi cárcel) y Borja Luna (Las chicas del cable).


Los cuatro hacen creíbles unos personajes que, en muchas ocasiones, se encuentran al borde de un abismo emocional y moral, aunque, en el caso del último de ellos, su marcado acento andaluz no permita la comprensión completa de todas sus líneas de diálogo. Aunque el nivel general de la película se puede considerar aceptable, Animales sin collar no está exenta de torpezas que se pueden achacar a la inexperiencia en el largo de su realizador.


Tal es el caso de la secuencia de dos de los personajes en el andén de la estación, cuya intensidad dramática es enorme y determinante en la narración, pero la escasa planificación hace que el tren venga de un lugar carente de vías o cambie el sentido de su trayectoria según el plano que estemos viendo, algo que provoca una confusión en el espectador, al menos en el que suscribe estas líneas, que va en detrimento de la atención al verdadero núcleo dramático de dicha secuencia. Aún con todo, el debut de Jota Linares merece atención y atesora suficientes expectativas positivas de cara a su carrera como director.