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Crítica: "Cuando los ángeles duermen", por Paco España

La actividad cinematográfica anterior de Gonzalo Bendala, director y guionista de Cuando los ángeles duermen, ha estado más centrada en la producción, como son los casos del documental Proyecto Ovni: Verdades y mentiras del fenómeno Ovni en Andalucía o del estrambótico cortometraje (que haría las delicias de mi amigo Víctor) El ataque del increíble hombre de las manos pringosas que vino del espacio exterior, aunque también es responsable de la dirección y el guión del estimable cortometraje Días rojos, con un jovencísimo Paco León y el siempre estupendo Sebastián Haro, y del mediocre largometraje Asesinos inocentes (2015).


Cuando los ángeles duermen nos cuenta la vida de Germán, Julián Villagrán (Carlos contra el mundo, Astronautas, Bajo las estrellas, además del inolvidable Diego Velázquez en la serie de TV El Ministerio del Tiempo), un hombre gris, presionado por los jefes de su empresa, a la que dedica más tiempo del debido, y, como consecuencia, también es presionado por su esposa Sandra, Marian Álvarez (La herida, Cien años de perdón, Morir), por no dedicarle el tiempo debido a su familia.


La noche del cumpleaños de su hija coge el coche para llegar lo más pronto posible junto a su familia, pero lo que le va ocurriendo, desde el primer momento, es una sucesión de acontecimientos que le obligan a tomar decisiones de las que cada una resulta más equivocada que la anterior, algo que recuerda a la película de Martin Scorsese ¡Jo, qué noche! (1995), aunque salvando sus enormes distancias y en escenarios eminentemente rurales y no urbanos como aquella.


Cuando se diseña el guión de una historia con estas características, éste debe ser preciso, concreto y capaz de hacer avanzar la acción en todo momento, evitando las reiteraciones y las situaciones sin avance de la acción, ya que, de no ser así, se corre el peligro de ir creando una gran bola de nieve, producto de las diferentes situaciones límite que se van creando, de difícil o imposible control. 


Cuando los ángeles duermen tiene un planteamiento interesante, que se va diluyendo a medida que avanzan los minutos producto de esa falta de control en la bola de nieve, llegando a un final tan inconcreto como acomodado a las necesidades del propio guionista y director. A pesar de que el propio protagonista, Julián Villagrán, ha reconocido que éste ha sido el rodaje más complicado en el que ha participado -ya que rodaban exclusivamente de noche, de 7 de la tarde a 7 de la mañana-, este esfuerzo solamente ha servido para entregar una película que pudo ser aceptable pero terminó siendo mediocre.