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Crítica: "Megalodón", por Beatriz Gutiérrez

Ir a ver Megalodón en verano es inexcusable para mí. ¿Razones? Tres: soy una fan absoluta de todas las películas en las que haya un tiburón; me encanta su protagonista, Jason Statham; y no soy amante de los calores estivales, con lo cual agradezco una sala de cine con el aire acondicionado cuanto más frío mejor.


Desde que Steven Spielberg me metió el miedo en el cuerpo en mi tierna infancia, he sentido un temor y una fascinación a partes iguales por los tiburones y procuro no perderme aquella película donde salen, a poder ser, siendo el 'malo de la función'.


Evidentemente, dentro de este subgénero he tenido donde elegir y, por supuesto, hay películas buenas, malas e infumables, pero el terror que me inspira un buen tiburón nunca me lo darán ni una orca, por muy mala que sea, o unas feas pirañas asesinas.


Por otra parte, los tiburones de cine son al verano como los cocidos al invierno y, después de las notables Infierno azul en 2016 y A 47 metros en 2017 -aunque en este caso, el 'malo' no era sólo el tiburón-, necesitamos otro bicho de estos para que nos alegre las tardes de cine de verano.


Pues ya lo tenemos... un tiburón a lo bestia, a lo grande, no un tiburoncillo blanco cualquiera, un MEGALODON. La sinopsis es la típica en estos casos: científicos que encuentran un monstruo que se escapa y se convierte en el mayor depredador de la tierra.


En esta ocasión, un grupo de investigadores que realizan una expedición en un submarino hacen el descubrimiento de sus vidas. Encuentran un mundo completamente nuevo donde es posible que habiten especias marinas inimaginables en un nivel más profundo que las fosas marianas.


Allí encuentran una especie que se creía extinta: el MEGALODON. Arriesgando su propia vida, el submarinista especializado en aguas abisales Jonas Taylor (Jason Statham) pondrá en marcha una misión para rescatarlos antes de que sea demasiado tarde.


Y aquí ya llegamos a ver a Jason, un actor que no sabemos si actúa, yo creo que sí, pero que derrocha un carisma y una masculinidad que para si quisieran otros muchos actores, probablemente más dotados para la actuación que él.  Con esta película no nos llevamos a engaño.


Tenemos un monstruo enorme, gente a la que salvar, un protagonista cachas y ganas de acción y divertimento. Pues eso. No hay misterio. Pero no decepciona, da justo lo que se le pide a la película y lo que se espera de ella, y más en épocas estivales.


Es entretenida a más no poder y yo la disfruté al máximo. Si alguien va a ver una película rollo Open Water, que se abstenga, no es la cinta que debe ver. Pero si quieren pasar un buen rato, sin mucho intríngulis, vayan a ver MEGALODON. ¡¡¡Que viva el Verano!!!