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Crítica: "Eugenio", por Paco España

En los veranos de principios de la década de los años 80, mi familia formaba su habitual caravana veraniega, compuesta por un Citroën Dyane 6 y tres Seat -600, 850 y el afortunado 124-, y partía en busca de las aguas cálidas mediterráneas de la costa levantina o las no tan cálidas de la costa andaluza. En las interminables jornadas de carretera, que comenzaban al alba y terminaban a la caída del sol -en las que apenas había autovías ni tampoco rotondas-, se atravesaban todos los núcleos urbanos y se hacían las paradas obligatorias para conocer los puntos de interés turístico que ese núcleo ofrecía al viajero, lo que convertía el propio viaje en una aventura tan apasionante como interminable.


Las largas horas de carretera por la meseta castellana se sobrellevaban mejor con la típica cinta de casette del momento y la estrella, en estos casos, era la de Eugenio, que nos contaba sus historias una y otra vez sin desfallecer. Llegábamos a saber de memoria los textos de sus historias, pero daba igual, nos seguía haciendo reír una y otra vez con su 'El saben aquell que diu...'. En estas últimas semanas, el documental Eugenio, de los directores Jordi Rovira y Xavier Baig, está siendo la estrella de la plataforma FILMIN.


De manera brillante, este documental nos cuenta la historia personal de Eugenio Jofra i Bafalluy, mas conocido como Eugenio, a través de los testimonios de sus hijos, esposas, hermana, amigos y personas que tuvieron una estrecha relación con él. Todos ellos compartieron parte de sus vidas con una persona tan excepcional como Eugenio y esto hizo que sus respectivas personalidades, en una u otra medida, se vieran influidas por el artista, por eso, aunque falleciera en 2001, parte de él sigue impregnado en las personas que le recuerdan.


A estas alturas, resulta difícil desproveer a Eugenio del carácter de 'leyenda' cuando humoristas del nivel de Andreu Buenafuente o Carlos Latre le dedican, 'de tanto en tanto', homenajes que resultan mucho más elevados que una respetuosa imitación. ¿Qué hace que una persona pública relevante pase a la historia como una leyenda? No cabe duda que una existencia compleja y atormentada y una muerte prematura ayudan a que su recuerdo se recubra de un aura de misterio y cierto aire sobrenatural.


Resulta icónica su imagen en el escenario: su figura enjuta, siempre vestida de negro, una mesa al lado con su vodka con naranja y el cenicero, el cigarrillo Ducados en su mano, cuyo encendido y consumo incluía en el especial ritmo de sus espectáculos, además una luz cenital que le daba cierta apariencia divina, forman parte del imaginario colectivo.


Desde su nacimiento, su estricta educación, el amor de su vida Conchita Alcaide, una belleza morena andaluza que le dejó viudo por una inoportuna enfermedad a la edad de 38 años -lo que le condujo a su segunda relación importante, Conchita Ruiz, igualmente bella, morena y andaluza-, su gran éxito popular y su mala gestión vital, que le condujo a morir de tristeza tras haber hecho reír a toda España, están narrados con pulso, intensidad y respeto. Como se dice en el documental Eugenio, 'el humor solo nace desde la tragedia mas profunda'.