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Crítica: "Campeones", por Paco España

Campeones de la taquilla, eso es innegable. Una sala de cine repleta de espectadores para ver cine español es algo cada vez más habitual, ya se pudo comprobar con La tribu, Perfectos desconocidos o La llamada. A esta saga de películas se añadirá, sin lugar a dudas, Campeones. Javier Fesser tiene un universo muy especial en la creación de productos audiovisuales.


Suyas son películas tan heterogéneas como El milagro de P. Tinto, el primer largo que nos mostró su universo -aunque ya le conocíamos por los cortometrajes anteriores El secdleto de la tlompeta y Aquel ritmillo-; la estupenda y dramática Camino; sus incursiones en el terreno del cómic con La gran aventura de Mortadelo y Filemón y Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo -la primera de imagen real y la segunda de animación-...


También es habitual en la realización de documentales sociales, como En el mundo a cada rato o Binta y la gran idea, y las frecuentes incursiones en el formato corto. De hecho, sus tres anteriores trabajos son cortometrajes: dos de ellos publicitarios, Servicio técnico, para una conocida compañía de telecomunicaciones, y 17 años juntos, para una entidad bancaria.


En definitiva, cuando Películas Pendelton, su productora, está en una película, es imposible poder encuadrarla. Por supuesto, Campeones no escapa a esta característica. Es ficción, pero tiene relación con el documental, es imagen real pero tiene similitudes con la animación. Claramente es una película 'feel good' (para sentirse bien).


Habla de la superación personal y colectiva, de los problemas laborales y de pareja, de la nada clara frontera entre la discapacidad y el talento, de una serie de cuestiones que pueden llegar a la profundidad sentimental del espectador. La mayor parte del reparto está compuesto por personas con características especiales, que no son actores ni actrices, pero con gran naturalidad ante la cámara.


A ellos se unen el actor con la agenda más apretada del cine español actual, Javier Gutiérrez -con su habitual calidad-, y los estupendos Luisa Gavasa y Luis Callejo, además del enorme y maravilloso actor, no muy frecuentado por el cine, aunque sí por las tablas teatrales, Juan Margallo. El guión no es ni brillante ni original, pero sí efectivo.


Se trata de enfrentar a un personaje con la antítesis de su perfil inicial y observar su cambio vital, influido por las vicisitudes de la historia. Aún así, ver Campeones supone una experiencia muy sugerente por la autenticidad de las especiales personas que están en la pantalla y en el patio de butacas.