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Crítica: "Bajo la piel de lobo", por Paco España

Bajo la piel de lobo, de Samu Fuentes, es una película en la que la naturaleza muestra toda su majestuosidad frente a la insignificancia del ser humano a través de la historia de Martinón, un hombre rudo y solitario que vive en un pueblo de montaña abandonado, apartado de cualquier vestigio de civilización y compañía humana.


La película está protagonizada por Mario Casas, con un personaje hecho a su medida`-apenas pronuncia más de ocho frases-. A Mario Casas se le ve cazando, comiendo, trabajando las pieles, poniendo trampas, otra vez comiendo, caminando por los bosques, ordeñando sus cabras, otra vez comiendo, haciendo gala de una soledad y de una supervivencia en un territorio y con una climatología mas que hostiles.


En una de sus escasas aproximaciones al pueblo más cercano, para vender las pieles, donde tiene fugaces y furiosos encuentros sexuales con una viuda (excelente Ruth Díaz), su futuro va a cambiar. Decide llevársela para tener compañía en el duro trabajo. A partir de este momento también se le ve copulando y comiendo de nuevo. El tercer papel relevante está solventemente interpretado por Irene Escolar.


Bajo la piel de lobo es una película contemplativa, observa al ser humano, sus fortalezas y debilidades en una naturaleza que lo da todo y también lo quita todo. Hay gran cantidad de silencios y muy pocos diálogos, a pesar de lo cual no es una película estática, algo que el espectador agradece porque facilita su visionado y, aunque no es una gran película, sus logros sí pueden resultar satisfactorios.