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Crítica: "El hilo invisible", por Javier Collantes

La filmografía de Paul Thomas Anderson se encuentra en unos niveles diferentes al común de los cineastas por su peculiar universo, sustentado por la fuerza de sus narraciones, el lenguaje exhibido y guiones con aristas que conducen a unos finales realmente fascinantes. De este modo, no es difícil recordar trabajos anteriores como Sidney, Boogie Nights, Magnolia o Pozos de ambición, propuestas demoledoras sobre el ser humano todas ellas.


Ahora nos llega su última producción, una historia inspirada libremente en el modisto Balenciaga. En manos de este director atípico, y sublime por momentos, El hilo invisible nos traslada al Londres de los años 50, lugar y época en donde un famoso modisto, Reynolds Woodcook, y su hermana son el centro de atención con su estilo y relación con la realiza, alta sociedad y estrellas de cine a las que viste con su talento y diseños.


Con un gran éxito profesional, sus relaciones con las mujeres son instantáneas, sin más... hasta que aparece una chica llamada Alma, una camarera que se convertirá en su inspiración en todos los sentidos. Sobre este argumento, que pudiera parecer un biopic libre al uso, Anderson presenta un relato alejado de lo que pudiera parecer y no es. De esta manera, El hilo invisible rezuma un clasicismo atemporal extraordinario.


El hilo invisible es un drama romántico y un thriller de suspense. Alejado de los estigmas del convencionalismo, Anderson incluye referencias hitchcockianas a Vértigo o Rebeca, y añade una estética que recuerda a Visconti, pero mantiene en el conjunto sus propios modismos, una apuesta arriesgada y destacad cuyas nominaciones para los Oscar son realmente merecidas en su condición de verdadera lección de cine.


Aspectos como la banda sonora de Jonny Greenwood, cuya composición musical resulta genial, la textura fotográfica, la simetría en cada plano, la forma de colocar la cámara casi imperceptible, los primeros planos...  El hilo invisible envuelve una relación tan autodestructiva como emocional, una variación de amor exultante en la excelente interpretación de Daniel Day-Lewis y el resto del reparto.


A partir de elementos, El hilo invisible confecciona, en la pantalla de cine, un patrón de alta costura en torno a los minuciosos vértices de una obra maestra, una historia de sentimientos encontrados tratada de modo intenso en un tejido visible sobre la apariencia de lo invisible. El hilo invisible resulta una película magistral que marca una época en el séptimo arte, un lienzo de primera categoría, pura esencia del cine.