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Cantabria salvaje y familiar en los Premios Goya

Este miércoles, 13 de diciembre, Bárbara Lennie y David Verdaguer han dado a conocer, acompañados de la presidenta de la institución, Yvonne Blake, los nominados a las 28 categorías de los XXXII Premios Goya, una edición cuya gala se celebrará el 3 de febrero y para la que se han convertido en principales favoritas, por número de nominaciones, Handia (13), de Aitor Arregi y Jon Garaño; La librería (12), de Isabel Coixet; y El autor (9), de Manuel Martín Cuenca. Cantabria, por su parte, suma dos opciones, curiosamente y ambas de manera (in)directa, en el mismo apartado. 


Junto a Dancing Beethoven, de Arantxa Aguirre, y Saura(s), de Félix Viscarret, la lista de cuatro nominados al Premio Goya a Mejor Película Documental la completan Cantábrico, los dominios del oso pardo, de Joaquín Gutiérrez Acha (Guadalquivir), un documental producido por Wanda Natura en el que el medio natural de nuestra región es absoluto protagonista; y Muchos hijos, un mono y un castillo, de Gustavo Salmerón, trabajo en el que el actor director ha vuelto a contar en el apartado musical con el músico cántabro Nacho Mastretta.


Cantábrico. Los dominios del oso pardo tiene como protagonista indiscutible a la naturaleza de Galicia, Castilla-León, Asturias y, por supuesto, Cantabria, un protagonismo natural de cine para la Cordillera Cantábrica que pretende dar a conocer un territorio salvaje de la Península Ibérica con una extraordinaria biodiversidad: los rincones más ocultos y las especies más emblemáticas que los habitan...


Este acercamiento audiovisual pretende mostrar su vida privada y registrar conductas nunca antes filmadas. Para ello, se han utilizado los medios de rodaje más avanzados: desde cámaras de ultra definición capaces de grabar a 6K a cámaras térmicas e infrarrojas para registrar en la total oscuridad, pasando por cámaras de alta velocidad, capaces de trabajar a más de 1500 fps, para ralentizar movimientos inapreciables, o helicópteros con cineflex y drones tele-dirigidos.


En el norte de la Península Ibérica, una imponente cordillera de más de 400 Km. se levanta como una gran barrera paralela a la costa del mar que lleva su nombre, el Mar Cantábrico. En su otra vertiente, la cordillera Cantábrica se nos presenta repleta de cañones y apretados bosques continentales de hayas, robles y castaños. La influencia cálida del mar ha determinado un clima con elevadas precipitaciones, originando montes de exuberante vegetación. Es el lugar perfecto para esconder un gran número de animales y otras formas de vida que cohabitan aquí desde tiempos inmemoriales.


Pero por encima de todo, es el territorio de una de las criaturas más formidable del hemisferio norte: el oso pardo cantábrico. Y es precisamente este fabuloso animal, uno de los que hemos escogido para conducir nuestra película. El Cantábrico es un lugar mágico y misterioso donde muchos de sus rincones están aún por descubrir. Es el reino de los bosques, el dominio de los caballos salvajes, la tierra donde las nieblas esconden a los lobos ibéricos, a los gatos monteses y a los urogallos, el lugar donde la fantasía y la realidad caminan juntas. Un territorio salvaje que permanece aún en el olvido y que el mundo debe conocer.


Por su parte, después de su exitoso paso por Toronto, San Sebastián y Karlovy Vary, y antes de su estreno comercial este 15 de diciembre, Muchos hijos, un mono y un castillo es el nuevo trabajo tras las cámaras de Gustavo Salmerón en el que el músico cántabro Nacho Mastretta vuelve a poner la música tras haber hecho lo propio anteriormente a Desaliñada, precisamente ganador del Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción, composición que, sin embargo, no ha sido recompensada con una nominación a Mejor Música Original.



Rodado en localizaciones de Barcelona, Cuenca y Valencia, Muchos hijos, un mono y un castillo, cuyo metraje ha sido seleccionado entre más de 400 horas de material rodado, parte de un guión coescrito por el propio Salmerón junto a Raúl de Torres y Beatriz Montañez, una estructura confeccionada con el paso de los años y el retrato de los vaivenes de una familia liderada por una curiosa matriarca.


Julita, la madre, ha cumplido todos sus sueños de tener una familia numerosa, un mono y un castillo, y ahora sufre los efectos de la crisis económica, sin dinero para poder mantener el imponente inmueble, y a base de iniciativa y tacto logra mantener a la familia a flote. Muchos hijos, un mono y un castillo resulta, en su condición documental, una comedia de ficción con raíz personal y familiar.