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Crítica: "Paddington 2", por Javier Collantes

En 2.014, basada en el famoso personaje de la literatura infantil británica, se estrenaba una primera entrega cinematográfica del oso procedente de Perú, que recala en Londres, con gran éxito tanto literario como fílmico. Ahora nos llega una nueva aventura del osezno cuyas imágenes, generadas por ordenador y los tonos de la animatrónica, confieren a este personaje un estilo completo de dulzura, inocencia e inteligencia.


Esta vez, Paddington ya se encuentra totalmente instalado e integrado con la familia de seres humanos, en el barrio londinense de Windsor Gardens. Lleno de alegría y, por supuesto, servido de su alimento favorito, la mermelada. Mientras, busca el regalo para su tía Lucy, que cumple 100 años. Tiene que encontrar un libro desplegable. Antes, realizará diversos trabajos para conseguir comprar el regalo. Con argumento de cuento, el film se desarrolla por unos caminos absolutamente magistrales.


Estilo, fondo, forma y desarrollo. Con una cuidada iluminación en su textura fotográfica y una sobresaliente factura de arte y decorados, el ritmo narrativo de este oso de peluche consigue un efecto tan extraordinario que acierta, en cada plano y diálogo, a la hora de entender el estado humanista. Si añadimos una notable banda sonora y unos sobresalientes intérpretes -en especial Hugh Grant, capaz de hacer parodia de su profesión-, a modo personal, una perfecta realización.


La película es una delicia en todos sus sentidos. Posiblemente, la mejor película infantil de este año en innumerables conceptos. Cine de pura esencia. Con homenajes al cine mudo de Chaplin o Keaton, su estado de contar las 'cosas' queda en un entramado tan sencillo como dignificante, exento de sensiblería y sin olvidarnos del gran número musical con Hugh Grant durante los títulos de crédito, realmente magistral.


Al film no le falta de nada: simpatía, familia... pero, sobre todo, mucha emoción en cada secuencia. Un magnífico relato cinematográfico equilibrado, cuyos  protagonistas, seres humanos y el oso, proponen una aventura excelente que entretiene, componiendo cine de categoría, sin pretensiones petulantes, sencilla y directa, memorable y sorprendente. Pocas palabras, muchas sensaciones, un relato abierto para disfrutar desde el primer fotograma.


En una apuesta superior al Paddington primerizo por sus tomas de contacto, la película es una definición de la eterna disputa entre efectos especiales y argumento con clase, y este film posee esto y más... un osezno superhéroe sin rayos láser ni armas, saltos o monstruos. Más dignidad, una lección de cine de altura, he aquí, por fin, una gran película que no trata al público como espectador muerto-viviente. Un film de otras vibraciones...