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Crítica: "Handia", por Paco España

Handia versiona la historia real de Mikel Jokin Eleizegi, 'El gigante de Altzo', que nació en 1818. La película nos cuenta una historia de excepcionalidad, de amor, de familia y de guerra. Comienza mostrándonos a dos hermanos, Martín y el menor Jokin, que viven y trabajan en el caserío de su padre hasta que llegan las tropas carlistas, que alistan por decisión paterna a Martín, el cual sobrevive a la lucha durante varios años, aunque pierde la movilidad de su brazo derecho y retorna tullido al caserío. 


En ese momento ve a su hermano, al que le cuesta reconocer por su tamaño desmesurado, hasta llegar a sentir cierto espanto. Es entonces cuando la familia decide exhibir a Jokin, al principio por tierras cercanas y después por toda Europa, para obtener beneficio de ello. La película está desprovista de una gran cantidad de color, lo que, unido a la época en la que desarrolla y a las características excepcionales del protagonista, hace muy difícil no relacionarla inmediatamente con El hombre elefante, de David Lynch.


Los directores son Jon Garaño y Aitor Arregi. El primero es responsable de cortometrajes de tanta calidad como On the line, ganador de Aguilar de Campoo, o el documental El método Julio, además de los largometrajes 80 egunean (En 80 días) y la excepcional Loreak (Flores), que llegó a estar seleccionada por la Academia de Cine para los Oscar. El segundo es responsable del gran documental Lucio y del estupendo cortometraje Zarautzen erosi zuen (Lo compró en Azautz). Y ambos son componentes de la productora donostiarra Moriarti, en la que junto a José Mari Goenaga, Xabier Berzosa, Asier Acha y Jorge Gil Munárriz componen unos de los grupos de creación cinematográfica más interesantes del panorama nacional por la profundidad en el análisis del ser humano y la calidad de sus propuestas. 


Aunque en la película predomina el tono melancólico que proporciona la separación, la pérdida y la renuncia, también conmueve por las mismas razones, sin dejar de lado un cierto toque jocoso, como la secuencia con la reina Isabel II aún niña, la historia deja constancia de su devoción por diversas actividades amorosas, en la que se interesa por la proporcionalidad de todos los miembros del cuerpo del gigante, incluso los que no están a la vista.


Entre las interpretaciones, destaca Ramón Aguirre, como el padre. Habitual de producciones vascas de todo tipo, también le pudimos ver en Julieta, de Pedro Almodóvar; La herida, de Fernando Franco; y Amor, de Michael Haneke. También Joseba Usabiaga, en uno de sus primeros trabajos, y el protagonista, Eneko Sagardoy, en su contenida interpretación del gigante, que no hace demasiado tiempo se encontraba estudiando interpretación en Espacio Espiral de Santander, en una formación organizada por Cristina Samaniego y Miguel Meca.