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Crítica: "Fe de etarras", por Paco España

La polémica envolvió el estreno de Fe de etarras en la pasada edición del Festival de San Sebastián: la asociación profesional Unión de Guardias Civiles interpuso una denuncia al entender que el enorme cartel que Netflix instaló en el centro de la ciudad, promocionando la película, ofendía a las víctimas del terrorismo. Partiendo de la base que todas las personas que han sufrido los efectos del terrorismo, del tipo que sea, tienen derecho al máximo de los respetos, ¿qué hay en este cartel que pueda herirlas? Parece que la rápida desestimación de este recurso, por parte de la fiscalía, deja a las claras que no hay nada.


Si el hecho de nombrar a ETA produce molestias es algo difícil de evitar, ya que es parte de nuestra Historia y ésta no puede desaparecer, como tampoco pueden desaparecer Torquemada ni la Santa Inquisición -que utilizaban medios nada sutiles para la eliminación de personas-, pero nadie se molesta cuando aparece, en una serie o en una película, por el mismo motivo: es parte de nuestra Historia. Se dice que el fútbol es el deporte nacional español, pero otro muy carpetovetónico le sigue muy de cerca: verter opiniones desde el desconocimiento. 


Todas las opiniones son aceptables, siempre que se realicen desde el conocimiento y la reflexión, pero las que se construyen desde la ignorancia y el prejuicio son, simplemente, desechables. Como dice el gran maestro del humor Leo Harlem, 'el humor es una cosa muy seria', y esta máxima está perfectamente secundada en esta película por Borja Cobeaga (Pagafantas), como ya hiciera, por cierto, con otro notable título que circulaba por similares derroteros, Negociador, así como, anteriormente, en la gran escuela que supone el programa Vaya semanita, en emisión durante muchos años en la televisión autonómica vasca.


Fe de etarras muestra a un grupo de cuatro etarras que esperan, en un piso franco de Madrid, una llamada, que nunca termina de llegar, para llevar a cabo una acción terrorista, mientras el entorno se encuentra imbuido en el enaltecimiento deportivo patrio del Mundial de Sudáfrica. El grupo lo compone una pareja que está poniendo los cimientos de su vida en común, Miren Ibarguren y Gorka Otxoa; un 'gudari' albaceteño experto (no tanto) en explosivos, un genial Julian López; y el siempre eficaz Javier Cámara, que da vida a 'El riojano', el jefe de la banda que lleva consigo la impronta de no ser del mismo centro de Euskal Herria, sino de la periferia.


Estos cuatro personajes se van construyendo con gran acierto y eficacia, haciendo que su progresión sea enorme y comprensible hasta llegar a un final sorprendente que demuestra que la humanidad está muy por encima de los desaprensivos que solamente pretenden usar a otros seres humanos en su propio beneficio. Fe de etarras, que se estrena en primera instancia en la plataforma de pago Netflix, es una gran película, tremendamente divertida y absolutamente respetuosa, como no podía ser de otra manera.