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Crítica: "La niebla y la doncella", por Paco España

¡Son muy guapos!. Se dice que para gustos se han hecho lo colores, pero, desde un punto de vista puramente objetivo, se puede asegurar, sin lugar a dudas, que Verónica Echegui, Quim Gutiérrez, Aura Garrido o Roberto Álamo son personas realmente atractivas y, además de eso, son muy buenas en su trabajo, algo que en esta película no pueden demostrar en su verdadera dimensión.


La presencia de estos intérpretes, a la que es necesario añadir la de Marian Álvarez y la enorme belleza natural de la isla canaria de La Gomera, no logra llevar esta película por unos cauces narrativos ni interesantes, ni verosímiles, ni sorprendentes. Y, si no hay interés, credibilidad, ni sorpresas, la mente del espectador comienza a viajar no por archipiélagos sino por galaxias muy, muy lejanas.


La ópera prima de Andrés M. Koppel, que también es responsable del guión, no está a la altura de otro título de la pareja de detectives de la UCO de la Guardia Civil, Chamorro y Bevilacqua, dirigido por la competente Patricia Ferreira en 2002, El alquimista impaciente, cinta protagonizada por Ingrid Rubio y Roberto Enríquez, que contaba en su reparto con la actriz cántabra Laura Heredero y con el actor de 'enorme' trayectoria Nacho Vidal.


La niebla y la doncella provoca la sensación de estar viendo una obra inacabada. Existen en ella secuencias y situaciones que están mal resueltas, o simplemente sobran, porque producen confusión y/o no aportan nada a la narrativa. Quizás las prisas por llegar a la fecha de estreno hayan producido una falta de pulido que, a buen seguro, le hubiera venido muy bien al resultado final.


Aunque remonta ligeramente el vuelo en el último tercio del metraje, lo que demuestra que el guión tenía bastante más clara la resolución que el desarrollo de los personajes y sus relaciones, no se puede evitar la misma idea de la frase que el gran Pepe Viyuela repite en sus espectáculos, cuando su personaje tiene grandes dificultades en salir del laberinto que supone una silla o una escalera plegada, '¡Qué pena, qué pena, qué pena!'.