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Crítica: "Verónica", por Paco España

Paco Plaza vuelve a un terreno que le es propicio, ya que es el responsable de las tres entregas de REC -dos de ellas junto a Jaume Balagueró, otro director que se encuentra muy cómodo en el género fantástico-. Además de esta trilogía iniciada con 'la niña de Medeiros', Plaza es responsable de una película que dignificó la primera edición del popular concurso Operación Triunfo y de varios capítulos de la serie televisiva El ministerio del tiempo. Verónica se sitúa en 1991, momento en el cual se produjo el único caso documentado por la policía de una situación paranormal inexplicable. 


Tres jóvenes adolescentes, con las hormonas revueltas, deciden hacer una clandestina sesión de Ouija, a consecuencia de la cual una de las participantes sale peor parada, llevándose consigo una presencia maligna. Hasta aquí es todo muy convencional y mil veces visto, sobre todo en películas yanquis. A partir de este momento, la película tiene la desfachatez de tomarse en serio a si misma y a sus personajes, contándonos una historia de enorme autosugestión destructiva. 


El núcleo interpretativo está compuesto por cuatro menores, encabezado por la prometedora joven protagonista de 16 años, Sandra Escacena, que proporciona una gran verosimilitud a situaciones a las que el cine le suele ser complicado dar. Verónica está sujeta a la enorme responsabilidad de ser la mayor y tener que cuidar a sus tres hermanos más pequeños.


Mientras la madre solamente tiene tiempo de ocuparse del bar que regenta, ella se educa en un colegio de monjas aparentemente progresista, vive la ausencia del padre -con un posible episodio de abusos que no se concreta-, y, además, se encuentra en una edad indeterminada en la que la búsqueda de la propia identidad y la relación con los demás resulta fundamental. Este caldo de cultivo resulta inmejorable para que las enormes fuerzas de la sugestión actúen sobre ella.


La persona adulta con un papel más relevante es Ana Torrent, que interpreta a la madre de los cuanto menores. Precisamente, esta actriz de 51 años fue una de las niñas prodigio más afamada de cine español, interpretando El espíritu de la colmena, de Víctor Erice, con siete años, y Cría cuervos, de Carlos Saura, con nueve. Años más tarde participó en Tesis, la película que dio a conocer a Alejandro Amenábar. Verónica es un nuevo ejemplo de que el cine español puede hacer películas de género, en este caso fantástico, con acierto y con una identidad propia.