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Crítica: "Animal de compañía", por Paco España

Es nutrido el grupo de directores de cine españoles que buscan dar continuidad a sus proyectos en USA, cuna de la gran industria cinematográfica occidental. Entre ellos, los hay consagrados, como Alejandro Amenábar o Juan Antonio Bayona; los que buscan consolidar una carrera con brillantes comienzos, como Jaume Collet-Serra, Juan Carlos Fresnadillo, Rodrigo Cortés, Paco Cabezas, Eugenio Mira, Alex y David Pastor, Miguel Angel Vivas con su reciente Inside, o Nacho Vigalondo con su estupenda Colossal; y los que, tras una destacada trayectoria como cortometrajistas, buscan allí sus proyectos, tal es el caso de David Victori (Zero), David Martín Porras (Inside the box) o el director barcelonés que nos ocupa, Carles Torrens.


Tras el divertido, irreverente y gamberro corto Coming to town, Torrens realizó el largometraje Emergo (Apartment 143) sobre fenómenos paranormales, al que continuó el deslumbrante cortometraje Sequence, que cosechó una gran cantidad de premios internacionales. El proyecto de Animal de compañía le llegó como una posibilidad casi imposible. Estaba en poder de la Metro Goldwyn Mayer y se había comenzado (y parado) en varias ocasiones. Tras muchas gestiones, se pudo hacer con los derechos y resolver los problemas que impedían su realización. Aunque, para ello, solamente dispuso de un presupuesto de rodaje para cuatro semanas, algo absolutamente 'low cost' para una producción estadounidense.


Sin embargo, con el proyecto le llegó su protagonista, Dominic Monaghan, quien había estado en anteriores tentativas del mismo y, por tanto, se encontraba muy introducido en el personaje. Animal de compañía nos presenta a un hombrecillo gris que trabaja en una perrera municipal, el cual arrastra serias deficiencias de personalidad, lo que le dificulta las relaciones personales y, de especial manera, con el sexo opuesto. Casualmente coincide con una joven del instituto que le gustaba, pero el sentimiento ni fue ni es recíproco. Tras unos intentos de conquista absolutamente desastrosos, decide secuestrarla y recluirla en la perrera en la que trabaja hasta que logre que se enamore de él. 


Con esta premisa, no resulta difícil relacionar esta película con Átame, de Pedro Almodóvar, o con El coleccionista, de William Wyler, sobre todo cuando la lucha psicológica que se establece entre los dos personajes va haciendo que el poder se encuentre en un lugar de difícil definición. Buen trabajo de su protagonista, Dominic Monaghan, al que pudimos ver en la saga de El señor de los anillos, X-men o la popular serie Perdidos. Igual de bueno, sino mejor, el trabajo de Ksenia Solo (El cine negro), que logra una gran altura en la lucha interpretativa con su compañero de reparto.


Sin cometer el error de desvelarlo, el final me hizo relacionar esta película con El retrato de Dorian Gray, famosa novela de Oscar Wilde. Aunque el paralelismo pueda parece extraño, la deslumbrante belleza de la protagonista, a pesar de su abyecto comportamiento, debe tener una explicación. Animal de compañía es una película muy entretenida. Se ve sin ninguna dificultad y plantea algunas cuestiones para un debate interesante sobre la soledad y las relaciones, sin abandonar el toque fantástico, bestia y gamberro habitual en su director.