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Crítica: "El viajante", por Javier Collantes

El cine procedente de Irán contiene significados artísticos desde otros puntos de vista, así como otras formas de narrar historias cercanas aunque basadas, lógicamente, en la idiosincrasia de su país. Ahora, uno de los directores iraníes más prestigiosos a nivel internacional, Asghar Farhadi, cuya filmografía se  caracteriza por unos tonos sociales y políticos -pero sobre manera por un estudio sobre la realidad humana-, reincide en las relaciones y sus consecuencias, retratos de  tradiciones y cambios en la modernidad, un terreno emocional tan directo y abrupto como incesante cuyo destino suele ser la liberación en su sentido más amplio. 


El viajante, Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, ha sumado también galardones en el Festival de Cannes, un excelente reconocimiento y una extraordinaria acogida por parte de crítica y público para la realización de este film en el que, con sus diversos impactos a niveles políticos, el relato es construido por el director como una respuesta libre y sin confusión a una realidad, encarnada con personajes que trasmiten veracidad y emoción, bajo una puesta en escena llena de sinceridad con una historia que nos narra el devenir de una pareja entre la enseñanza y el teatro con el telón de fondo de Muerte de un viajante, de Arthur Miller.  


Debido a que deben desalojar el piso donde viven, por amenaza de quedar destruido por las obras que se realizan, se recolocan desde el centro de Teherán para instalarse en otro piso donde la joven pareja tendrá una serie de problemas con el anterior inquilino, consecuencias que abrirán una brecha en sus vidas. Con este argumento, el trazo de su historia es puesta en escena con un modo de suspense, pero con los condicionantes escénicos de ambas localizaciones. Un teatro y una casa, la venganza y la confusión, la doble moral, el castigo y el perdón... 


En base a los diálogos y un escaso movimiento del plano, se transcribe con exactitud una realidad traducible. Una película sobresaliente, en el ámbito de las relaciones familiares y de la pareja, sobre una ciudad, el caos y la reconstrucción en directos paralelismos, casi metafóricos, de un país y de una obra de teatro con la abrumadora realidad. El viajante resulta un ejercicio cinematográfico de gran nivel entre sus aspectos urbanos y las clases sociales, donde esta respuesta cinematográfica es un tratado sobresaliente de la caligrafía fílmica que todo lo ve.