script

CONSIGUE AQUI TUS ENTRADAS SIN COLAS...

Crítica: "Rogue One", por Pelayo López

No soy fan devoto ni de "Star Wars" ni de "Star Trek" y lo único que puedo decir de ambas franquicias es que, en el primer caso desde el carácter básico de su entramado y en el segundo desde la pretenciosidad filosófico-metafísica, me resultan visualmente atractivas y entretenidas narrativamente. Este nuevo producto de la batalla galáctica entre el Imperio y la Alianza Rebelde, situado cronológicamente entre los episodios III y IV, se sirve del reboot de la saga para seguir la estela de su vuelo y proponer el primero de varios spin-off que sigan expandiendo este rentable universo.


Como ocurre habitualmente en la pauta estructural del sello 'star wars', la presentación del personaje clave en el desenlace de la historia, en este caso en la interrupción voluntaria de la gestación de la Estrella de la Muerte -una máquina oscura y letal capaz de aniquilar los planetas de la galaxia-, resulta de lo más sugerente, con una profundidad plástica de campo y una contundencia emocional que, sin embargo, se diluye en numerosos tramos del metraje. No en vano, el corre-calles interplanetario propio de estos viajes estelares no resulta nada placentero y más bien mareante. Mucho kilómetro y poca información, salvo la rotulación orientadora.


La expresividad verbal de los personajes resulta un alarde de brevedad bienvenido y acertado en muchos casos, aunque en otros pasajes parece resultar fruto de la falta de guión. Para intentar paliar semejante percepción, un nuevo reparto con una Felicity Jones multipresente que lo mismo se merienda un 'monstruo' que salta al 'inferno' de una misión casi suicida, un Diego Luna muy en la línea de Han Solo, un Mads Mikkelsen frío polanetario, un Peter Cushing siniestro y hasta los inevitables guiños al propio imaginario de "Star Wars", incluyendo el momento culminante y para muchos suponemos que estimulante sablelaserístico previo paso por la sobre-dimensión del asalto final cual Godzilla y en plan figuras de domino de un Gareth Edwards resplandeciente en plan Toy Story.


Alejándose de la parrafada tipográfica inicial, y más allá de la poca química existente entre la pareja protagonista -se borra cualquier tensión sexual cuasi incestuosa-, la atracción de feria congrega los elementos propios como la estética totalitaria, los destructores y aeronaves, seres y criaturas vari@s, zocos y mercadillos con terroristas extremistas, presencias robóticas con chispa humorística, stormtroopers que caen como moscas y maestros de la fuerza enfundados en pequeños saltamontes... la actualización de la banda sonora particularmente a mi oído nada fino le parece brillante y el nuevo despliegue operativo "Rogue One" está en marcha.