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Crítica: "El ciudadano ilustre", por Javier Collantes

En modo de comedia dramática, con ciertos tonos de nihilismo y espacios de sátira, este film argentino, dirigido por Mariano Cohn y Gastón Duprat, señala con el dedo esa identidad cinematográfica en la que lugar y espacio representan toda una lección sobre la condición humana, el éxito y la incertidumbre de volver a tu localidad, tu ciudad, tu pueblo...


Así, de una manera absolutamente magistral, se nos cuenta la historia de un escritor argentino, Premio Nobel de Literatura, quien, después de abandonar el pueblo argentino (Salas) donde nació durante casi cuarenta años en Argentina para vivir en Barcelona y debido a su triunfo al escribir sobre este lugar, es invitado por el alcalde del pueblo para recibir la condición de ciudadano ilustre.


Jornadas de homenaje, charlas, jurado concursal, reencuentros con un antiguo amor y demás vicisitudes, así como un viaje realmente extraño, significativo, lleno de surrealismo, donde el humor, la envidia, sus gentes... en la condición de la Argentina profunda, revelan una serie de extorsiones, políticas de charco, conversaciones de gentes recién salidas de las catacumbas de la más atroz ignorancia.


Perversa, primitiva en el peor sentido del término. Memorable desde su principio, el relato es magistral y nos habla, nos conduce, nos divierte... sobre todo, en su condición de ejercicio de la palabra y el texto: frases, secuencias, imágenes, reacciones... a través de una palabra demasiado desgastada y trastocada por algunos estamentos. Cultura, un recorrido del recuerdo. Una película lúcida y cruda en el sentir del personaje principal.


Sobre unos diálogos que son una perfecta definición de la máxima de 'nadie es profeta en su tierra', asombrosa la interpretación de todos sus actores y actrices, con especial atención al protagonista Óscar Martínez, quien, en cada secuencia y con cualquier gesto o palabra, llena sus encuadres de verdades con estilo tan grandes como ciertos 'Universos'. Un ciudadano majestuoso, cuya coherencia intenta aplastarle al llegar al enclave donde intentó olvidar tiempos pasados.


No vuelvas para establecerte, cuando, en realidad, poco ha cambiado, viene a decir un poema, un libro, un escritor, unas vivencias... simplemente unas cicatrices, una hoja de su libro para una hoguera, una hoja para una defecación. Estas secuencias, y otras sensaciones, completan una película realmente fascinante, con clarividencia, pesimismo, realismo sucio. Eficaz. Genial.